“QUE PUEDA VER…”

P. Milko René Torres Ordóñez

El Evangelio según san Marcos narra un pasaje en la vida de Jesús en el que remarca su intención de presentarlo en el camino hacia la cruz y del servicio a los más desposeídos, los marginados en el ámbito socio religioso. Quienes siguen sus pasos asumen el protagonismo porque son testigos de un milagro. Una profunda catequesis cuyo núcleo fundamental acentúa la importancia de la vocación. Los discípulos viven el contraste entre la belleza de la luz y el misterio de la oscuridad. Nos encontramos en el último signo del poder y la autoridad de Jesús. En la dinámica del relato del domingo anterior, un fuerte cuestionamiento sobre el desprendimiento y la pobreza evangélica, el amor de Jesús impregna la identidad que lo va a llevar a la muerte en la cruz.

Un ciego llamado Bartimeo, sentado al borde del camino, pide limosna. Al igual que con los hijos del Zebedeo, Juan y Santiago, Jesús desarrolla la pedagogía de la pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?”. El cuestionamiento, en ambos casos, genera respuestas diversas. Mientras que los “hijos del trueno” piden sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús, el mendigo Bartimeo, cansado de vivir sentado al borde del camino, desea recobrar la vista para seguirlo. La figura del ciego dibuja el modelo ideal del discípulo. El verdadero seguidor de Jesús da testimonio de su vocación. Bartimeo proclama una fe inquebrantable. Disfrutamos de una oración muy vivencial en dos momentos, confiada y perseverante: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Bartimeo, hombre libre, demuestra que su soltura para expresarse le traerá la gran recompensa: su encuentro personal con Cristo. La luz que recibe lo impulsa a perseverar. La respuesta de Jesús, inmediata y eficaz, concentra la atención de todos en un drama. “Llámenlo…”. El Señor va a verlo. Quiere que sienta la fuerza de su palabra y que reciba con ternura lo que desea: “¿Qué quieres que haga por ti?”.

El ciego, lleno de paz, puede ver aquello que otros no ven. La cercanía con el Maestro satisface su anhelo muy profundo. En nuestra vida necesitamos vivir la experiencia de un encuentro transformante. “Maestro, que pueda ver…”. Jesús, en la profesión de fe de san Marcos, actualiza un imperativo que nos motiva a continuar con la vocación misionera. Llamados, enviados, en salida permanente hacia la utopía del anuncio de la Buena Noticia. Una tarea nada fácil. En el mundo en el que muchos viven, el nombre de Jesús tiene el eco mudo de la respuesta. ¿Cómo hablar del anuncio del Reino de Dios en un espacio en el que la ceguera y la sordera predominan? “Vete, tu fe te ha salvado”. Una pregunta más: ¿Qué fe pondera nuestro Señor? La de Bartimeo. Aquella que le ha devuelto la vida. Su razón de ser. Su Identidad. Su Felicidad. El ciego, a partir de este momento, no volverá a mendigar en las calles de la ciudad de Jericó, cruda esencia de quien respira aliento de vida, y que, sin embargo, nunca la ha disfrutado. El telón de fondo de nuestra velada concluye con esta frase sencilla como la vida: “Comenzó a seguirlo por el camino”.