Efraín Borrero Espinosa
Cuando el 10 de noviembre de 1957 llegó el primer grupo de Hermanos Maristas a Catacocha, integrado por Isidro García, Luciano Gutiérrez García, Alberto Cañón Presa y Jaime Martínez González, el alborozo en esa ciudad fue generalizado. Con la presencia de Jacobo Torres, Director Provincial de Educación de Loja, y personalidades locales, se inició un desfile espontáneo hasta la casa parroquial. La banda, alumnas y religiosas dominicanas de la escuela de niñas “Domingo Celi”, hicieron la calle de honor.
En primera fila estaba el eminente e ilustre sacerdote Jorge Guillermo Armijos Valdivieso, párroco de Catacocha y Vicario Foráneo de Paltas, gracias a cuyas gestiones fue posible este acontecimiento educativo que, al mismo tiempo, consagraba la presencia de la Comunidad Marista en el Ecuador después que catorce países de América la acogieran con beneplácito, desde Canadá en 1885 y Estados Unidos en 1886. Después lo hicieron siete países más en la región.
Jorge Guillermo Armijos Valdivieso, nació en Celica el 25 de agosto de 1915 y falleció en Olmedo el 6 de junio de 1992. Fue educador y gestor educativo por antonomasia. Su edificante huella está en la creación del recordado Pensionado San Luis y del Colegio La Dolorosa en la ciudad de Loja, además de su aporte para la creación de los colegios La Inmaculada y Santa Mariana de Jesús. En la provincia son muchos los establecimientos educativos que surgieron al amparo de su entusiasmo, impulso y visión de educador, contándose más de sesenta escuelas. El Colegio San Gabriel de Quito lo tuvo entre sus distinguidos profesores y durante veinte y cinco años fue Vicario Episcopal de Educación de la Diócesis de Loja.
Era un hombre ilustrado y tenía vastos conocimientos sobre diversos sistemas educativos y métodos de enseñanza, por eso sabía la existencia de la Comunidad Marista caracterizada por ser una congregación religiosa católica, que bajo el ideal de su fundador, Marcelino de Champagnat, dedicaba su labor a educar a niños y jóvenes en distintas locaciones geográficas ubicadas en diferentes partes del mundo, poniendo en práctica los rasgos bien definidos de su pedagogía: la presencia cercana del educador, la sencillez, el amor al trabajo, el espíritu de familia y el amor a María. Decía Champagnat que «para educar hay que amar”, lo que se convirtió en el lema de los educadores Maristas.
Para plasmar en realidad su anhelado propósito, Jorge Guillermo Armijos contó con el respaldo incondicional de su amigo Camilo Ponce Enríquez, entonces presidente de la República, quien lo admiraba y apreciaba por su abnegada y tesonera labor educativa.
Inmediatamente se integraron Bernardo Diez, David Samartino y Félix Mariscal, conformando la originaria comunidad Marista venida a Ecuador y radicada en Catacocha, de la que Jorge Guillermo Armijos fue su apoderado general.
Posteriormente vinieron otros hermanos Maristas, entre ellos Santiago Fernández García y Ticiano Cagigal García, a quienes correspondió la expansión educativa Marista en la ciudad de Loja a través del Instituto Técnico “Daniel Álvarez Burneo” y de la Universidad Técnica Particular de Loja, instituciones que tienen su propia historia de prestigio.
Por aquel tiempo la comunidad Marista también extendió su quehacer educativo a varias ciudades del Ecuador, creando centros de educación reconocidos por la calidad de la enseñanza y formación de la niñez y juventud.
La Universidad Técnica Particular de Loja resulta ser la obra cumbre de la congregación Marista en el Ecuador, bajo el liderazgo de Santiago Fernández García, quien ejercía las funciones de rector del Instituto Técnico “Daniel Álvarez Burneo”. Fue fundada el 3 de mayo de 1971 y reconocida por el Estado ecuatoriano bajo Decreto Ejecutivo del 5 de mayo de 1971. Se constituyó como persona jurídica autónoma bajo el amparo del “Modus Vivendi” celebrado entre la Santa Sede y el Ecuador, teniendo en cuenta las normas de la Iglesia en su organización y gobierno.
Tiempo después, el 7 de noviembre de 1974, en el sector de San Cayetano de nuestra ciudad, el Jefe de Estado, Guillermo Rodríguez Lara, inauguraba solemnemente lo que sería el campus universitario de la UTPL, que con pasos agigantados en el tiempo ha logrado ubicarse dentro del top diez de las mejores universidades ecuatorianas, según el ranking mundial de universidades elaborado por una prestigiosa firma británica que toma en cuenta varios parámetros, entre ellos la reputación académica, además de un conjunto de métricas cuidadosamente diseñadas para la región.
Pero fue el 2 de septiembre de 1976 que la UTPL marcó un hecho sin precedentes en el Ecuador y en la región latinoamericana, con la resolución adoptada por el H. Consejo Gubernativo de establecer la Universidad Abierta o Estudios a Distancia, teniendo como referente los modelos y experiencias de universidades extranjeras, especialmente europeas, constituyéndose en pionera del Sistema Profesionalizante Universitario a Distancia.
En nuestro país la única experiencia de educación a distancia surgió en los años 70 en la educación secundaria con las denominadas “escuelas radiofónicas”, a través de diferentes programas implementados desde la formación básica, como por ejemplo: las Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador; el Sistema Radiofónico de Educación Bicultural Shuar y el Instituto Radiofónico Fe y Alegría, por citar algunos, supliendo de esa forma la falta de oportunidades de la población alejada de los centros de formación presencial.
Mi buen amigo Jaime Enrique Celi Correa, prestigioso escritor e investigador que hizo posible la elaboración y publicación del libro “50 años de presencia Marista en la ciudad de Loja”, anota que: “Los hermanos maristas que dieron todo su empeño y capacidad en la exitosa implementación de la Universidad Abierta y de su Sistema de Estudios a Distancia en la ciudad de Loja, a través del ser y del quehacer educativo de la Universidad Técnica Particular de Loja son: Santiago Fernández García, Ticiano Cagigal García, José María Valerio, Joaquín Martínez Noriega, Ángel Pastrana Corral, Isidro Escudero Delgado y Felipe Vegas González”.
Luego de un acucioso análisis investigativo se determinó que la mayor demanda estaba en el ámbito educativo por lo que se decidió iniciar esa loable experiencia con la Facultad de Ciencias de la Educación. Tiempo después se incluyó la carrera de Derecho y otras especializaciones más.
Pero lo más sorprendente es que no faltó una corriente opositora virulenta en contra de la iniciativa, a la que calificaron de “sorpresivo y arbitrario establecimiento de la Universidad Abierta”; que se trata de “una comercialización de la enseñanza y profesionalización”; que es un engaño la adopción del sistema de la Universidad Abierta”; que es un instrumento de explotación y alienación”, y tantos otros denuestos que lesionaron la dignidad de la congregación Marista, como puntualiza un artículo de la Revista Universidad Técnica Particular de Loja N° 13 de 1991, citada por Jaime Celi
Por supuesto que la indignación ciudadana no se hizo esperar, y la respuesta más contundente fue la acogida que ese sistema de estudios a distancia de Loja tuvo en universidades del Ecuador, seis de las cuales se apresuraron en solicitar asesoramiento a la UTPL, contándose entre ellas la Universidad de Guayaquil y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador; y, a nivel internacional, la Universidad Autónoma de Asunción (Paraguay); Universidad Salesiana de Bolivia; Universidad Simón Bolívar de Venezuela y Universidad de Guadalajara (México).
Los estudios en Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta se iniciaron bajo la dirección del Hermano José María Valero que, como dice Jaime Celi, “fue el cerebro de la planificación del sistema, de la capacitación del personal docente- administrativo y de la elaboración del material instruccional destinado al alumno. Su experiencia en sistemas europeos similares avalaba el liderazgo de su magisterio”.
La planta docente estuvo integrada por destacados y reconocidos educadores lojanos que fueron seleccionados por sus méritos, siendo los pioneros: Jaime Ruiz, Carlos Montalvo, David Bustillos, Rosario Castro, Miguel Valarezo, Eliana Armijos, Jaime Bustamante, Constante Ramírez, Miriam Camacho, Vicente Alejandro, Erasmo Alejandro, Luis Varela, Oswaldo Espinoza Sigcho y Mireya Espinosa Carrión, a quien conozco desde mi juventud cuando ella, huérfana de padre, me defirió con el honor de ser su padrino en el acto de graduación de bachiller en el Colegio La Inmaculada, en 1968.
La vida profesional de Mireya Espinosa Carrión ha sido muy exitosa en su paso por diferentes establecimientos educativos, como la Unidad Educativa Bernardo Valdivieso, la Unidad Educativa La Inmaculada, el Instituto Técnico Superior Daniel Álvarez Burneo, la Unidad Educativa Juan Montalvo y la Universidad Técnica Particular de Loja; a eso se debe el reconocimiento con varios galardones por parte de instituciones públicas y privadas.
A lo largo de su trayectoria como docente ha hecho gala de sus títulos de Licenciada en Lengua, Literatura y Filosofía, y de Doctora en Ciencias de la Educación. Sus alumnos la recuerdan por sus virtudes, talento y lucida capacidad para la enseñanza.
Tiene a su haber varias publicaciones relacionadas con su especialización y sobre “Cuentos y Leyendas Lojanas”. Con su cálida forma de ser ha conquistado el corazón de cuantos tenemos la dicha de disfrutar de su preciada amistad.
No cabe duda que la Universidad Técnica Particular de Loja ha colmado de prestigio a Loja y es orgullo de los lojanos, y que, al haber instituido la modalidad de los estudios a distancia como sistema alternativo de educación y profesionalización, se insertó en un proceso global de democratización del saber, cuyos límites son insospechados, asumiendo la responsabilidad del Estado de asegurar el bienestar de la población, a través del acceso a una educación garantizada por procesos de calidad.
Miles de egresados a lo largo y ancho del país y de algunas ciudades del exterior, beneficiados con los estudios a distancia, agradecen a la UTPL haberles otorgado la oportunidad de lograr una profesión que les brinda prosperidad, además que conservan el grato recuerdo de haber disfrutado los encantos de nuestra hermosa ciudad de Loja, cuando llegó el momento de su graduación.
