Lo que tenía para vivir

P. Milko René Torres Ordóñez

La reciente Carta Encíclica del Papa Francisco, “Nos amó” (Dilexit nos), fundamentada en la cita bíblica de Romanos (8, 37), nos ayuda a descubrir que nada podrá separarnos del amor de Cristo. Gracias a Él, hemos conocido el amor que Dios nos tiene. En ella, hace referencia al Corazón de Jesús que ama sin límites. Esta reflexión muestra la grandeza de un corazón que palpita lleno de misericordia.

En el Evangelio según San Marcos (12, 38-48) saboreamos el Pan de la Vida que nos recuerda el compromiso de permanecer unidos en medio de contradicciones, caídas y levantadas. En un corazón que entrega todo, hasta el amor consumado en la cruz. Jesús ha confrontado a los maestros de la ley en el plano doctrinal, espiritual y práctico. Conoce que, en la diplomacia de sus interlocutores, el testimonio de fe y vida es lo que menos resurge. Ellos esconden dos defectos que darán poca importancia a los actos de culto: vanidad y avaricia. Jesús, resalta la coherencia que debe tener cada hombre de buena voluntad en el anuncio de la Buena Noticia.

Las autoridades judías ponen al descubierto la verdadera razón de su proselitismo legal. La opción preferencial por los pobres no representa ninguna prioridad en su accionar cotidiano. Su devoción ostentosa, cuestionada por Jesús, refleja una espiritualidad desencarnada que atrae la admiración y la estima de la gente. Una presencia corrupta, hipócrita e inescrupulosa, ambiciosa y sin alma. Jesús condena abiertamente esta actitud. Enseña a sus discípulos la importancia de una vida transparente al servicio de todos. Llamados a acoger a los más vulnerables para compartir con ellos la grandeza de la solidaridad. Las controversias que vive Jesús desarrollan un arco dramático sin precedentes. La escena que desarrolla San Marcos, conmovedora, presenta a una viuda pobre que camina temblorosa a una de las alcancías del Templo. Los discípulos deben fijar su mirada en ella para que interioricen cada movimiento que realiza. Jesús dedica a aquel ser humano la última frase que sella todas las disputas mantenidas con los sabios maestros de la ley: “Esta pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos.

Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero esta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”. Las palabras sobran cuando el silencio habla a los cuatro vientos que el amor es el aire que nos permite vivir en plenitud. Las dos monedas impregnan el latido de un corazón que ama de verdad. En cada gesto de la viuda revive el sentido de un acto de culto auténtico. El paso de una acción externa a una expresión interna, sincera, cambia el lugar de las opciones de vida de los hombres y mujeres que generan verdaderas revoluciones, como la que promulgó el Papa Francisco: la revolución de la ternura.

Cuenta, un corazón generoso. Dios premia, no tanto lo que podamos dar, sino lo que reservamos para que el mundo tenga vida en abundancia. El Papa recalca que “la apariencia, el disimulo y el engaño dañan el corazón. Más allá de tantos intentos por mostrar algo que no somos, en el corazón se juega todo, allí somos nosotros mismos”.