Hace 50 años se descubrió el «eslabón perdido»

César Augusto Correa

elcesarbelt@gmail.com

El 24 de noviembre de 1974, el paleontólogo Donald Johnson y su equipo de investigadores desenterraron los huesos de un Australopithecus aferensis hembra, al que denominaron «Lucy», que luego alcanzaría fama mundial entre los estudiosos de las ciencias sociales, porque se constituyó en el esqueleto humanoide más antiguo que se ha descubierto. El hallazgo se hizo en el nororiente de África, donde hoy está Etiopía.

En un principio no se percibió toda la importancia del acontecimiento, que quedó sometido a permanentes investigaciones para ir determinando sus características, por lo que la noticia no figuró en la prensa, y solamente dos décadas después se determinó que esa mujer había vivido hace 3 millones 400.000 años. Tenía la estatura de un metro, un cerebro de 700 cc, piernas cortas, brazos largos.

Después de Lucy, la evolución ha continuado, ha aumentado el volumen del cerebro, que en los humanos de hoy es de 1.600 cc; la estatura promedio también ha aumentado, pues en ese tiempo era de 1,20 m. Desde hace 400.000 años los cráneos tienen en la base un orificio por el que pasa el nervio que nos permite hablar…

Para los científicos de la segunda mitad del siglo XX no quedaba duda alguna acerca de las teorías de Charles Darwin, tampoco para la jerarquía de la Iglesia Católica, pues el jesuita Teilhard de Chardin a partir de los años 30 había aportado abundantes pruebas de la evolución de varias especies, encontradas en las excavaciones que hizo en China y que había publicado en varios libros. Como jesuita desarrolló la tesis de la Creación Evolutiva, que desde la declaración de Juan Pablo II, en 1996, es la postura oficial del catolicismo.

Para los ateos la Naturaleza goza de la propiedad de ir provocando sola los cambios que permanentemente se generan en ella. Para los creyentes más informados, Dios creó un UNIVERSO EVOLUTIVO, programó sus cambios, por lo tanto, lo que viene ocurriendo obedece a un plan divino previo. Esto implica que el pecado original no existió y que muchos pasajes de la Biblia son ficción.

Terminaré estas observaciones mencionando que la Historia nos demuestra que existe una clara y progresiva evolución de la conciencia, que cada día alcanza niveles más altos y que nos permite predecir que la sociedad llegará al momento en el cual todos los humanos viviremos como hermanos, que no toleraremos que alguien pase por dolores evitables y recordaremos espantados los monstruosos crímenes del pasado.