Juan Luna Rengel
Quilanga, 22 de noviembre 2024
No quiero pecar de pesimista, pero, me temo que los ciudadanos no hemos aprendido nada de las lecciones que la vida nos ha presentado.
Puedo decir con convicción que como país y como ciudadanos ecuatorianos vivimos largos cuatro años de emergencia, iniciados en marzo 2020, con la larga pandemia de la COVID 19, que, en su paso, dejó dolor y muerte en la familia y en la sociedad; luego vendrían los eternos decretos de emergencia, so pretexto de la seguridad generada por el narcotráfico, la delincuencia organizada y la violencia con síntomas de terrorismo.
Aparentemente, la pandemia que nos mantuvo encerrados por el miedo a ser contagiados y consecuentemente a morir, nos enseñó a autocuidarnos, a recuperar el valor de la familia, a conservar-preservar la naturaleza y amar la vida, pero, muy pronto olvidamos esos momento de miedo, de dolor y angustia generadas por las desgarradoras imágenes de muertos en las calles, casas de salud a quienes se sepultaba a distancia y hasta con vergüenza. La vacuna alivió la vida y dejó en el pasado el miedo a morir, nuevamente nos relajamos y con fuerza hemos vuelto a las viejas costumbres de convertirnos en “lobos de nosotros mismos”.
La violencia, el narcotráfico, la delincuencia y corrupción en las más altas esferas políticas, mediáticas y económicas han llevado a nuestro país a seguir en una eterna emergencia, sea, nacional o sectorizada, de la misma no salimos del abismo. La muerte violenta, la extorsión, la contaminación del narcotráfico y la corrupción no han disminuido, peor, desaparecido, a ello, se suma un Ecuador dividido con fuertes síntomas de odio, revanchismo y extremismos políticos que no permiten un acuerdo y negociación en bien de todos, sino sólo de sus mezquinos intereses.
Para colmo, como efectos del cambio climático y la larga sequía, Ecuador atraviesa el racionamiento de la energía más largo de los últimos 50 años, de hasta las catorce horas diarias, ya se vienen también los racionamientos del servicio de agua.
El tema se agrava en algunos de nuestros cantones de la querida provincia, incluido, el cantón Loja, pues, desde el mes de julio es víctima de incendios forestales, provocados en su mayoría, unos pocos fortuitos. Lo cierto es que más de 10 mil hectáreas han sido consumidas por el fuego que ha exterminado emprendimientos productivos, huertos familiares, flora y fauna nativa.
Los hechos revelan que no hemos aprendido nada. Como ciudadanos tenemos memoria corta y muy pronto olvidamos. Los afectados siguen siendo los mismos, los que menos tienen pierden lo poco que tienen. La familia sigue disgregándose, la educación sigue siendo interrumpida, afectando a los niños, niñas y adolescentes y el interés superior del niño, así como la obligación de salvaguardar la educación de excelencia y calidad, por parte del estado.
Es el momento de emprender todos los ciudadanos, empezando por los líderes gobernantes, las organizaciones sociales, centros de educación una campaña de unidad, de trabajo coordinado y colaborativo para emprender en la construcción de un verdadero Ecuador que sea modelo para el mundo en educación, salud, trabajo, en administración de justicia, de un modelo de vida que equilibre lo económico, lo social y ambiental, así seremos un país sostenible y sustentable en el tiempo.
