Adviento: tiempo de esperanza

Quilanga, 29 de noviembre 2024

Adviento es tiempo de la esperanza y la esperanza de los creyentes en este último mes del año está centrada en este tiempo de Adviento y preparación en el nacimiento de Jesús y con él el anuncio de que una nueva humanidad es posible, la misma que estará sustentada en una lógica de cambio, de un plan de acción que se anunció en los profetas del antiguo testamento que es el establecimiento del Reino de Dios y su justicia.

Si establecemos una comparación con la lógica de nuestra vida, lo primero que hacemos es fijar una estrategia que delimita una serie de acciones que nos conducen a cumplir objetivos y alcanzar metas, sea en nuestro trabajo, en la familia, en los negocios; más, sin embargo, en la lógica de la vida cristiana, la esperanza trastoca el ritmo de vida, pues, la esperanza es la virtud, es el motor que irrumpe la materia y la transforma para conducirla por un camino de gracia que avanza en el tiempo.

En este momento, como ciudadanos de un estado vivimos una agobiante crisis que supera lo económico y trasciende en una crisis de liderazgo, de representación y de organizaciones sólidas, vale la escucha para ponernos en marcha hacia un nuevo sistema de vida que incluya, respete, se solidarice y establezca la justicia que brota de la paz.

La esperanza como virtud es el augurio del conocimiento, reconocimiento y de amor que lleva a la participación en distintos niveles y en distintas actividades, que visibilicen la unidad de criterios que nace al reconocer al otro, al diferente y de allí brota la vida para abandonar la cultura de muerte en la que nos sumerge el odio, la indiferencia, la envidia y el arribismo mezquino.

Vivir bajo la sombrilla de la esperanza es saber que la vida es algo maravillosa, es un don, es un regalo que emana desde la creación y que tal como lo dice San Juan: “Dios creo todo este mundo para nosotros, para que tengamos vida y vida en abundancia”, por tanto, el Creador, dueño de la vida nos invita a disfrutarla con el esfuerzo del trabajo creativo que cuida y desarrolla los dones recibidos desde la misma creación y transmitidos por la herencia de nuestros padres.

La esperanza es la fuerza y motor que inspira valorar la vida, a la que debemos cuidarla, no únicamente, desde el discurso de la bioética y la moral que llama a cuidar la vida desde el momento de la gestación, el nacimiento o la muerte y olvida que entre el que entre el nacimiento y la muerte hay que vivir y esa vida está descuidada por la desesperanza, por lo que, en este momento de espera y de esperanza, para ser poseedores de la vida en abundancia hay que abrir las ventanas para transformar la desesperanza y cultura de la muerte, por una cultura de encuentro en donde juntos vayamos en busca del Reino que con fuerza se anuncia en este tiempo.

Ser poseedores de la virtud de la esperanza es vivir en el amor, la paz y la justicia de un nuevo mundo, donde la maldad terminará y la creación de imagen y semejanza de Dios será restaurada, según el diseño de su autor, Dios.