Efraín Borrero Espinosa
El doctor Bernardo Valdivieso González de las Heras, al legar sus bienes “para que eduquen con formalidad y temor de Dios a la niñez y juventud de esta ciudad”, mediante acto testamentario de 22 de julio de 1805, “colocó el motor de avance en la restitución del antiguo Colegio de Loja, que fuera regentado por la presencia misional jesuítica. Por eso se dice que Bernardo Valdivieso, al hacer la entrega de sus bienes, lo que más deseaba era la continuidad de una obra iniciada en los albores del siglo XVIII. Pues, de ella se había obtenido un fruto espléndido de altos valores en el campo de la actividad intelectual y labores humanas”, señala Alfredo Jaramillo Andrade en su obra Reseña Histórica del Colegio Bernardo Valdivieso y de la Universidad Nacional de Loja.
Sin embargo, el noble propósito del benefactor se vio empañado por la ambición y discordia de intereses mezquinos que levantaron tiendas de campaña para impedir que su voluntad se cumpla fielmente; hechos que con lujo de detalles analiza Pío Jaramillo Alvarado en su Historia de Loja y su Provincia.
Cuando Simón Bolívar visitó la ciudad de Loja en octubre de 1822, conoció pormenorizadamente los problemas suscitados y la afectación a la voluntad de Bernardo Valdivieso, adoptando una posición radical que allane el camino a una solución viable. Como dice Alfredo Jaramillo: de un solo tajo se propuso desatar con el brillo de su genio y de su espada aquel “nudo gordiano”.
Para ello, el 19 de octubre de 1822 dictó un Decreto por el cual concede al Ilustre Cabildo de Loja “una norma de conducción administrativa respecto de los bienes del testador, tratando con ello de evitar los peculados y enajenaciones que pudieran suscitarse por otros motivos que no fueran los propios de la educación”.
Concomitantemente dictó el Reglamento del Colegio para su formal funcionamiento, conformado por diez artículos: Art. 1º De lo que es necesario para ser colegial, Art. 2º Del Rector; Art. 3º Del Vicerrector; Art. 4º De los catedráticos; Art. 5º Del bedel; Art. 6º Del mayordomo; Art. 7º De las rentas; Art. 8º Del régimen interior del Colegio; Art. 9º De las asistencias y vacaciones; y, Art. 10º De los días de Comunión. Dicho reglamento rigió hasta el 16 de noviembre de 1838 fecha en que el presidente Vicente Rocafuerte expidiera otro
No obstante, fue después de cuatro años que dicho Colegio se instala bajo el nombre de San Bernardo, como consta en el acta respectiva reproducida por Máximo Agustín Rodríguez en sus Apuntes para la Historia de Loja, y que según afirma fue tomada en copia del primer libro original del Colegio, cuyo texto reza a la letra:
“En veintidós de octubre de mil ochocientos veinte y seis, en la Iglesia de las Religiosas Conceptas se anunció la Instalación del Colegio San Bernardo de esta ciudad de Loja, verificándose en ella y en el mismo día la apertura de un curso de Filosofía Moderna, siendo Rector de dicho Colegio el doctor Joaquín Añasco, Cura de la Parroquia de Gonzanamá y Racionero electo de la Santa Iglesia Catedral de Cuenca; su Vice- Rector el señor doctor Juan Rafael Arias, y catedrático de Filosofía el Reverendo Padre Lector Fray Felipe Molina, nombrados todos por el Gobierno, y que suscriben para que conste.- Doctor Joaquín Añazco.- Doctor Rafael Arias.- Doctor Felipe Molina, Profesor de Filosofía”.
Máximo Agustín Rodríguez dice que el proceso de inscripción de los estudiantes se inició el 2 de enero de 1827 hasta el 5 de marzo del mismo año, siendo en total 32 los primeros alumnos del Colegio San Bernardo, cuya nómina se detalla a continuación: José María Lequerica, Hilario Gálvez, Juan José Coronel de Mora, José Miguel Granda, Escolástico Costa, Agustín Costa, Juan José García, Hilario Manuel Molina, José Ruilova, José Isidro Figueroa, Juan Guerrero Mejía, Ignacio Ayala, José Miguel Carrión y Loaiza, José Rosa Machuca, Ramón Coronel de Mora, Segundo Borrero, Manuel Borrero, Tomás Borrero, José María Espinosa, Manuel Espinosa, José Miguel Jaramillo, Juan de la Cueva, Ignacio Burneo, José María Ayala, Manuel Calle, José María Yunga, Máximo Gonza, Zoilo de Lara, José María Campoverde, Manuel Carrión y Pinzano, Manuel José Jaramillo y Miguel Calderón.
Hace hincapié en que los alumnos Yunga y Gonza fueron jóvenes indios con derecho a educarse en colegio de blancos, en virtud del Decreto y dos becas que para la educación de indígenas así proveyó. Con relación a Yunga dice que años después llegó a ser el Doctor Yunga, Presbítero y uno de los profesores más heroicos en ese colegio.
Deseo resaltar dos acontecimientos en el ámbito artístico generados por la Junta del Colegio San Bernardo años después, que Máximo Agustín Rodríguez los destaca con énfasis: el primero, la fundación y establecimiento en su claustro de una Academia de Música, el 23 de septiembre de 1844, que se regía por un Reglamento especial que “el Ilustre Concejo Municipal de Loja tuvo la delicadeza patriótica de formulárselo”. Esta Academia fue aprobada por el Supremo Gobierno en virtud del Decreto de 29 de octubre de 1844.
El segundo acontecimiento fue el fomento y promoción del arte pictórico, para cuyo efecto se nombró preceptor o profesor de ese ramo de bellas artes a don José María Berrú, lojano benemérito y progenitor de artistas, el 2 de enero de 1949. Esta nominación dio vida a la Escuela de Dibujo que desde el 6 de diciembre de 1852 acogió a la niñez femenil lojana.
