Hace un siglo llegó por primera vez un avión a Loja: Cosme Rennella aterrizó en la finca La Arcadia

César Augusto Correa

Ese 05 de diciembre de 1924 los lojanos habían madrugado para concentrarse en la finca La Arcadia, cerca de donde hoy se encuentra el Colegio Militar, varios kilómetros al norte de los confines de la ciudad, que llegaba hasta el Puente Bolívar; a esperar la llegada del capitán Cosme Rennella, que venía procedente de la hacienda La Tina, junto a Macará. Era la primera vez que un avión volaría sobre la ciudad y, para la mayoría de habitantes, la oportunidad de ver un aparato de estos.

Serían aproximadamente las 07h00 cuando se divisó la nave sobre el cielo de Cajanuma. A los pocos minutos sobrevoló la pista, regresó y aterrizó sin ningún problema. Estuvieron a recibirlo desde el gobernador Dr. José Miguel Carrión Mora, todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, los dirigentes de las entidades civiles como los presidentes de la Sociedad de Obreros de Loja y la Sociedad Primero de Mayo, decenas de lindas jóvenes lujosamente ataviadas, y miles de lojanos, muchos de los cuales habían pasado la noche en el lugar.

El alboroto comenzó el 16 de noviembre de 1924, cuando a la Gobernación fueron llegando sorprendentes telegramas, que daban noticia del cruce del avión, primero por Cangonamá, a los pocos minutos de Celica y finalmente de Macará, en el que además se informaba que aterrizó en el Perú, en la hacienda La Tina, con el piloto ecuatoriano Cosme Rennella. De inmediato se hicieron gestiones para que las autoridades nacionales autorizaran que Rennella regresara por Loja, lo que fue aceptado inmediatamente, como homenaje a la ciudad que estaba celebrando sus fiestas de Independencia.

Rennella permaneció en Macará hasta el 05 de diciembre, hasta reparar el motor y conseguir gasolina. Por supuesto, en Macará pasó de fiesta en fiesta. Su viaje a Loja fue reportado vía telegrama, a su paso por Sozoranga, Cariamanga, Gonzanamá y Valladolid.

Desde La Arcadia, Rennella fue trasladado al centro de la ciudad, a la elegante casa del señor Pío Serrano (en la que hoy se halla el Salón Tutto Freddo, calle Bolívar, a media cuadra de Parque Central). Inmediatamente llegó el señor Francisco Peláez, para hacerle la barba y el pelo, y el sastre Agustín Romero, para confeccionarle un terno, para que asistiera a la recepción oficial que se le brindaría dos días después.

El objetivo de Rennella había sido salir de Guayaquil a Cuenca y de allí dirigirse a Ayacucho, que celebraba el centenario de la batalla que selló la Independencia del Perú. Las densas nubes impidieron que llegara a Cuenca, por lo que se dirigió hacia el sur, pudiendo aterrizar en las proximidades de Macará. Permaneció en Loja hasta el 28 de diciembre.

Casi toda la información anterior está tomada del libro «Loja de Antaño», del Dr. Ecuador Espinosa Sigcho, pág. 199 y siguientes, donde se puede encontrar la narración con abundancia de detalles. Sobre el día 05 de diciembre procedemos a reproducir, fotocopiadas, 4 hojas del libro indicado, en las que se puede leer otros incidentes más, dignos de ser mencionados.

«El Telégrafo I», como se llamaba el avión llegado a Loja, fue el primero y el penúltimo en hacerlo en toda nuestra historia, porque medio siglo después una avioneta aterrizó en la avenida Pio Jaramillo Alvarado, cuando se buscaba la oportunidad de tener aeropuerto en la ciudad de Loja.

En los hitos del transporte aéreo, después de este memorable episodio podemos pasar al 17 de noviembre de 1939, cuando en el Congreso Nacional se aprobó una partida presupuestaria para construir el aeropuerto de Catamayo, a pedido del diputado Dr. Juan Francisco Ontaneda. La primera pista fue una larga franja de tierra al campo libre, sobre la que aterrizaban los aviones de Panagra. Camilo Ponce construyó la Terminal a fines de los años 50 y el moderno edificio con que se cuenta en la actualidad se construyó por orden de Rafael Correa. Hoy, nuestra aspiración es la de gozar de vuelos al exterior.

Los aviones llegaban y salían por entre dos cerros que forman una «V», al lado occidental del valle de Catamayo. Desde tierra a los aviones se los veía que pasaban lejos de las laderas de esos cerros, pero desde las ventanas una ilusión de óptica nos hacía percibir la sensación de que las alas estaban a punto de raspar la tierra. Los quiteños manifestaban su terror de tener que pasar por allí, y aseguraban que el avión levantaba polvo al hacerlo. Aparentemente peligroso ese trayecto, sin embargo, nunca sucedió algún accidente. La única desgracia ocurrida fue la brusca caída del avión por causas desconocidas, al final de la pista, cuando levantaba el vuelo, en la que murieron todos sus ocupantes, entre ellos el general Rafael Rodríguez Palacios, ministro de Defensa del presidente Jaime Roldós, el 19 de noviembre de 1980.

Además, por disposición de Velasco Ibarra, se construyó el aeropuerto de Macará, que sirvió positivamente por varios años, con dos vuelos semanales a la ciudad de Guayaquil, hasta que la construcción de carreteras de primera, con los servicios frecuentes de buses que en corto tiempo transportan a Catamayo o a Guayaquil, le quitó pasajeros a la línea y se suprimieron los vuelos.

Ave diminuta se agiganta

El día 05 de diciembre de 1924, la soñolienta Loja vio al fin descender la pequeña nave en que venía el capitán Rennella. Toda la población pasó una noche de vigilia con una línea luminosa trazada en su cerebro, desde la ciudad hacia la finca La Arcadia, ubicada en Jipiro y que afanosamente había cedido don Daniel Álvarez Burneo para que allí se adecuara el campo de aterrizaje.

Todos querían ver al audaz piloto asomarse por el arco azul del cielo lojano. Un testigo y protagonista dice en sus impresiones del día 05 lo siguiente: “Todos salimos entonces llenos de optimismo al lugar de la cita, ¡y qué espectáculo tan encantador!, grupos de familias, diseminados por el campo, como bandadas de palomas en expectativa; grupos de niñas, rebosando en deseos de expansión, con los ojos cargados de inquietud y los labios entreabiertos de entusiasmo; cuántos ojos dulces encontramos; cuántos ojos inquisidores y atrayentes: el cielo se había bajado a la tierra, sin duda, para que el valiente piloto creyese en la transmutación de los espacios y que pueda ya coger las estrellas con las manos. La risa cristalina de las vírgenes se difundía como una algarabía de canarios”.

De repente, una noticia inmensa concentró los espíritus y los sacudió como un escalofrío. “¡Rennella viene!”, se oyó de todos los labios. El cielo estaba límpido y los ojos se gastaban de mirar. “¡Rennella pasa por Sozoranga! ¡Rennella aparece por Cariamanga! ¡Rennella pasa por Gonzanamá y pasa por el Colambo! ¡Se extravía! ¡Los corazones se petrifican! ¡El alma queda estática! ¡Rennella aparece en Valladolid! Y renace el entusiasmo hasta el frenesí”.

Agrega la relación que la muchedumbre se ha congregado alrededor del campo de aterrizaje y bajo el hangar estaba ya el comité encargado de brindarle el primer saludo; allí se destacan la Sra. Adriana de Aguirre, la Sra. Adela de Carrión, esposa del gobernador y la hermosa Srta. Rosa Virginia Valdivieso.

Un punto en el espacio… ¡Rennella!

“El ave diminuta se va agigantando, se acerca, los espectadores la miran con avidez y siguen con la mirada las curvas que recorre y grabando en la imaginación las impresiones múltiples: a veces se muestra como un pescado enorme, otras como un ave de rapiña, revuela, desciende, se alza y se lanza sobre la ciudad abandonada; al fin viene sobre el hangar y va bajando al campo de aterrizaje y nuevamente se va de largo, llevando como de un hilo nuestras almas; la individualidad desaparece, fuga la materia y queda el pensamiento como en un túnel. Pero vuelve, es tanta la angustia, viene y viene ahora sí muy bajo, por sobre la campiña pintoresca, rozando las copas de los árboles. ¡Basta!

La elasticidad de los nervios ya no cede, se arranca y … el piloto aterriza en un vuelo de 56 minutos”.

Un solo grito colectivo sale de todos los pechos y la multitud invade el campo para tomarlo en hombros y llevarlo hasta el hangar. Dos jóvenes de apellidos Bayancela y Sotomayor gritan: ¡Viva el semidiós!

“El piloto aún permanece sin mostrarse, formando un solo cuerpo con el avión, la actitud del piloto revela su cansancio, sin embargo, necesitábamos verlo, palparlo, medirlo.

Ante una gran concurrencia para entonces nunca antes vista, el capitán se despoja de sus arreos y se pone de pie sobre el aparato y aparece en toda su esbelta figura; echa bajo la nave una botella de whisky vacía y desciende de la nave. Pobre piloto, tras tanta fatiga tiene que abrazarnos, sonreír, decirnos cosas amables; pero es tan jovial y de campechana gracia, que arrebata y confluyen hacia él todas las almas. Una vez transportado al hangar, el Gobernador Dr. José Miguel Carrión, le ofrece un vaso de champaña y un saludo en nombre de Loja, hecho con frases poéticas”.

Y el semidiós se hizo hombre

“Inmediatamente fue presentado a las nobles damas que honraban el comité con su presencia; enseguida un grupo de niñas van a felicitarle arrojándole flores; entre muchas se distinguieron a las señoritas: Sotomayor, Aguirre, Rodríguez, Mora (la reina de los juegos florales), Guerrero, Palacios, Espinosa. También se acercó la gentil señora Rosa Burneo de Burneo, pero todas las clases sociales tenían allí su representación”.

Al presidente de la Sociedad Obreros de Loja lo condecora luego con medalla de oro y el delegado de la otra Sociedad 1ro. de Mayo, no se quedó atrás. Ambos recibieron el agradecimiento con frases patrióticas que improvisó Rennella, quien en ese momento recibe vítores y aclamaciones mezclados con frenéticos aplausos. El padre Francisco Vidal, dominico, enseñado a tomar la palabra en todo acto también saludó al capitán en nombre de la religión y de la comunidad religiosa a la que pertenecía.

Señoritas y señoras acompañan al aviador hasta la carretera para que tome el vehículo que había de llevarle al centro de la ciudad y al paso iba recibiendo y contestando los entusiastas saludos; ya en las calles de la ciudad balcones y portales mostraban cariñosos movimientos de manos que aplaudían o se levantaban. Eran quienes por su edad u otro motivo no habían podido concurrir a Jipiro. (I)

Referencia: Espinosa Sigcho, E. (2015). Loja de Antaño. (I)