Luis Carrión Mora
Chaguarpamba no tuvo héroes en el campo de batalla, pero sí héroes en labranza de la tierra, las grandes extensiones de arroz y el maní fueron su labor constante, estos productos, junto al café, le permite seguir pujante en su progreso. La historia de Chaguarpamba está en las obras que ha publicado Luis Carrión Mora: Chaguarpamba de nuestros ancestros, La Ruta del Café y otras publicaciones realizadas en Diario Crónica; que guarda en sus páginas emprendedores de ayer y de hoy. Las familias Luzuriaga Córdova en la producción de alcohol, las Cooperativas Cafeteras: «Cinco de Junio» y «Amarillos» estuvieron al servicio de los caficultores, Segundo Rubén Luzuriaga, Baltazar Vallejo, Servio Rojas Encalada, en la Cooperativa Cinco de Junio», en la “Cooperativa Amarillos» estuvieron al frente Máximo Paladines, y Pacífico Hoyos encargados de colocar el café en Washington D.C.
Portovelo y Zaruma eran los aleados de Chaguarpamba ya que se intercambiaban sus productos que constituían las finanzas para la población; son testigos la Ladera de las Juntas, Cordillera de Ramos y la Bajada de Zambrano, donde en las noches de luna y amparo de las lámparas de carburo, miles de quintales se transportaban en semovientes hasta los Ceibos, Puente Negro y Portovelo, donde los negociantes de estas cabeceras poblacionales aguardaban el producto para llevarlo a la ciudad de Guayaquil. La fertilidad del suelo permitía la industrialización de la caña de azúcar que permitía la elaboración de bocadillos, turrones, los mismos que compraban negociantes azuayos.
En la realización de obras, como la carretera Veracruz-Olmedo-Chaguarpamba, participaban las damas de hierro, Ursulina Ochoa de Salazar, Elvia Mora de Tenorio, Argentina Loyola, Melva Hidalgo, las hermanas Añazco-Encalada, Yolanda Cabrera, eran quienes facilitaban la alimentación a los trabajadores que a pico y pala empezaron a abrir la carretera y así hasta que un 03 de diciembre de 1953 arribó el primer carro a la cabecera parroquial; luego, profesionales del volante: Julio Alfonso Rojas, Luis Pacheco y Robertina Fernández, fueron los precursores del tránsito que brindaban el transporte de personas y producción…
Era una población que se organizaba en comités y así llegó la luz eléctrica, la cantonización de Chaguarchamba y la creación del colegio. Los artífices de estos éxitos eran Clotario Hidalgo Ramírez, José Modesto Saraguro y docentes de la Escuela 5 de Junio que prestaban su contingente para trabajar durante la noche: Franco Díaz, Mario Jaramillo, Mariela Campoverde, Luis Carrión Mora; posteriormente llegaron profesores para la especialidad de Agropecuaria: Dr. Vicente Cevallos Cueva, Luis Cruz Cordero; Ángel Pardo, primer rector; Ladys León, profesora de CCNN; Gladys Herrera, profesora de Ciencias Sociales.
Suelo decir que las generaciones de hoy disfrutan del sacrificio de las generaciones de ayer; cuando no había sitios para el funcionamiento de escuelas educativas, estuvieron presentes para entregar parte de su patrimonio para escuelas y colegios, que se los recuerda a Dolores Campoverde de Sánchez, Aurelio Carrión Jaramillo, Celsa Mocha y Ocamidoro Largo.
Carrión Mora viene aportando con interesantes artículos que recuerdan los esfuerzos de sus moradores: «Un sorbo de café» dio grandes triunfos, fecha histórica de Chaguarpamba, una «joya arquitectónica en el río Yaguachi», es un puente que sobrepasa los 100 años de vida, el melloco «Don Benjamín en el río es un fortín», emprendimiento en turismo, en ganadería, en mejorar y comercializar el café, como lo hace Manuel Romero con una tecnificación moderna que le permite ubicar a este producto en los mercados de Europa, Australia y Asia.
A este emprendimiento se suma «Café Surapo» y «Café Chaguarpamba», muy cómodos de encontrar en supermercados de la ciudad de Quito.
Quiero, a mi tierra querida, invitarlos a reflexionar sobre lo bueno, lo malo y lo feo. De lo bueno tenemos el trabajo permanente con el sudor de la frente para educar a sus hijos en establecimientos universitarios de Loja, Quito y Guayaquil. Lo malo, no hay organización de la ciudadanía para conseguir un Centro de Salud tipo B, que tanta falta hace al cantón por la circulación de cientos de vehículos. Lo feo: no hubo ni ciudadanos, ni instituciones que velaron por el Reloj de la Iglesia, a sabiendas que el ingeniero Carlos
Meza de la ciudad de Ambato estuvo listo para el mantenimiento.
