De tanto recorrer, tus calles y tus plazas
te has grabado en mi mente, Loja bella, ancestral,
y la silueta hermosa de tus blanqueadas casas,
la guardo en mi retina, como clara señal.
El verdor de tus prados, tus campos, tu paisaje
tus cantarinos ríos únicos, sin igual
tus matizadas tardes de luz y tu celaje,
los recuerdo a menudo cual canción otoñal.
Loja de romerías, música y caramelo
de parques aromados, de arupos y frutales
eres el paraíso, la puerta abierta al cielo.
Eres la Franciscana ciudad, la de María
un jardín adornado de verdes saucedales,
Loja, ciudad de ensueño, eres mía, muy mía.
Acf.
