P. Milko René Torres Ordóñez
Nos acercamos al día en el que el Salvador del mundo viene hacia nosotros para compartir nuestra vida, sueños, anhelos y sufrimientos. Los profetas del Antiguo Testamento preparan un camino por el que debemos transitar. No es un trayecto fácil porque exige fortalecer, de nuestra parte, la voluntad de reflexionar pronto y tomar decisiones acertadas. Ante este panorama van a surgir muchas preguntas. Algunas van a cambiar nuestro modo de proceder habitual.
Otras, seguramente, quedarán planteadas en una especie de alternativas que, quizá, no van a cumplirse. Un hombre, llamado por Dios, con la finalidad de anunciar y denunciar, Sofonías, proclama con fervor que un tiempo nuevo ha llegado. Dice: “El Señor, tu Dios, tu poderoso Salvador, está en medio de ti…Él te ama y se llenará de júbilo por tu causa”. Su palabra de esperanza reanima la fe de su pueblo, triste por el destierro y lejos de su tierra. Será su rey y ya no debe temer ningún mal. Toda señal positiva reaviva la esperanza de ver una luz en medio de una neblina tenebrosa.
A este cántico de júbilo, el Salmista se une y reconoce que existe un solo Dios y salvador. El Señor es nuestra proteccion y nuestra fortaleza. Un Dios grande que vive cada momento, bueno o malo, con el pueblo que libera de las ataduras de una esclavitud inmerecida. En términos parecidos, después de varios siglos de silencio, un nuevo Apóstol para las naciones, Pablo, reaviva una fe estacionada en el andarivel de la desesperanza: “El Señor está cerca. No se inquieten por nada…que la paz de Dios, en Cristo Jesús, custodie sus corazones”.
El Emmanuel, Dios con nosotros, viene con el amor infinito y la paz eterna. Invita a la comunidad de Filipo a vivir con alegría cada momento de su existencia. En este ambiente de buenos augurios, las preguntas nunca van a dejar de fluir en el río de nuestra historia personal y comunitaria. Debemos responder con altivez a la propuesta de Dios. El nivel de exigencia sube con la intensidad de un viento muy fuerte. Juan el Bautista, la voz que ruge en el desierto, presenta las alternativas que dan respuesta a cada interrogante existencial: ¿Qué debemos hacer? La conversión tiene que ser auténtica. Debe demostrarse con hechos y con acciones que alcancen esta finalidad. Juan acentúa la importancia de la fraternidad y de la justicia, poco aplicadas y no vividas. Las recomendaciones concretas, con un carácter general, incluyen a todo tipo de personas. Las formas de vida están ancladas en el mar de las tentaciones. Hay que encontrar los mecanismos para salir de ellas.
Para respirar el aire puro de una paz interior que nos hace falta. Juan proclama un nuevo bautismo, más poderoso que el suyo. Un bautismo con el Espíritu Santo y con fuego. San Lucas anticipa las consecuencias de Pentecostés. El tono amenazador de algunas imágenes, propias de Juan el Bautista, desarrolla el tema central que es la Buena Noticia. El mensaje del profeta del desierto prepara un tiempo nuevo. Jesús, el Salvador, lo inaugura de una manera humilde y gloriosa. La palabra de Dios debe ser escuchada. Nuestra vida quiere renovación y plenitud. Respondamos.
