César Augusto Correa
Los años 50 fueron una hermosa época de transición en la calidad de los juguetes en Loja. La mayoría de almacenes estaban en la calle 10 de Agosto, entre 18 de Noviembre y Bolívar, unos pocos en la calle Bolívar. Ninguno expendía juguetes durante el año, algunos solamente lo hacían en diciembre.
Al comenzar la década aún, se conocían casi exclusivamente los juguetes artesanales hechos en la provincia: muñecas de trapo (rellenas de trapos o aserrín), carritos, guitarras, caballitos y otros artefactos de madera. En los barrios se jugaba fútbol en las calles con pelotas de trapo, generalmente de medias nylon.
En el almacén Diana, de mis padres, vimos continuos cambios. Las novedades comenzaron cuando aparecieron los juguetes de loza o de lata, que llegaron desde Guayaquil, con formas de niños o niñas (las famosas Dionne, quíntuples que replicaban a las nacidas en esos días en EE. UU.), animalitos, vehículos, armas, tambores, cornetas, xilófonos. Luego vinieron los juguetes de cuerda y de carey, que gozaban de movimiento: carros, carruseles…
A mediados de la década causaron sensación las muñecas dormilonas, con cuerpos muy bien terminados, con órganos proporcionales, hermosas, vestidas elegantemente, en sus respectivas cunas, de hasta 40 cm de estatura y párpados móviles que se abrían cuando se paraba a las muñecas, o cerraban cuando se las acostaba. Para los varones fue sensacional jugar con pistolas o cohetes de metal que producían un fuerte ruido al golpear y hacer estallar un pequeño fulminante, que venía en tiritas de papel. Las muñecas costaban entre 10 y 30 sucres, los cohetes dos sucres, las pistolas 4 sucres, que podría decir que era como hoy pagar 2, 4 o 30 dólares. Otra innovación que hizo más atractivas a las muñecas fue cuando llegaron las lloronas, que tenían un dispositivo escondido en el abdomen, que absorbía aire y generaba un chirrido al expulsarlo. Para los varones la alegría fue más grande con los carros a presión, que corrían un largo trecho después de aplastarles la parte posterior.
El plástico revolucionó el mundo de los juguetes, ya que se fabricaron toda clase de objetos y de mayor tamaño, como volquetas, ametralladoras, teléfonos, balones, bates, espadas, bolos, aviones, raquetas, ollas, platos, muebles, trompetas, largavistas, ruletas, juegos de damas o ajedrez. El caucho nos proporcionó las pelotas para baloncesto y el cuero las de fútbol e indor fútbol.
Ventajosamente, la evolución no se detuvo y hoy los niños cuentan con juguetes en los que se ha introducido el uso de electricidad y de dispositivos digitales, que avivan más su imaginación y exigen mayor trabajo al cerebro.
