Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
En fechas como las que estamos viviendo, la mayoría de la gente suele iluminar sus ventanas y balcones, con luces de todos los colores, a veces las decoraciones son tan llamativas, que despiertan la atención de los transeúntes, que se detienen a disfrutar del espectáculo visual que ofrecen las fachadas de las casas, que irradian la alegría por el nacimiento del salvador del mundo, por quien tomo forma humana solamente para comprendernos mejor y no juzgar con severidad nuestras debilidades y flaquezas, y luego ofrendar su vida y redimirnos del pecado e a iluminar nuestras vidas con su ejemplo de amor perdón y paz.
Y yo me pregunto ¿Estamos iluminando nuestro entorno cercano? Esta súper bien adornar las casas con luces, guirnaldas, nacimientos, y todo lo relativo a la navidad. No quiero sonar a repetitivo ni a dármelas de ejemplar, simplemente les hago una invitación desde mi experiencia a iluminar a quienes tenemos cerca aquí y ahora, iluminarlos con nuestra actitud de empatía y tolerancia, iluminar con perdón, bondad, comprensión, al menos entre nuestros seres más amados para luego expandir esa luminosidad a nuestros vecinos, que nuestra luz se vuelva contagiosa en la ciudad. Para hablar en términos coloquiales actuales que iluminar se vuelva viral.
Diciembre, de un tiempo a esta parte, se ha vuelto el mes más complicado del año debido la envolvente sociedad de consumo que sin que nos demos cuenta nos atrapa en sus tentáculos y que en la actualidad se ha vuelto más agresiva. Y que nos demos cuenta o no marca diferencias abismales entre quienes tienen mucho, los que tienen poco y los que no tienen nada. Todo esto incide en el estado de ánimo de la gente, causando inmensa tristeza, nostalgia y una soledad que se agiganta en este tiempo de festividades, en el que prima la superficialidad de lo material, intentemos iluminar lo que nos rodea.
Hagamos que esa luz interior que todos llevamos dentro no solo brille, sino que ilumine y alegre la tristeza de los demás, esa luz que acompañe a los que se sientan solos en esta navidad, que seamos capaces de compartir lo poco o mucho que tengamos en nuestras mesas, pero con esa solidaridad que nazca del corazón sincera y silenciosamente, esa solidaridad horizontal que se da de frente y no vertical de arriba hacia abajo.
Esta navidad no pidamos cosas suntuarias, ni regalos fabulosos, pidamos que se mantenga todo lo positivo que trajo este año que está por terminar, y que se incrementen las bendiciones de ese niño que siendo Dios nació en un humilde pesebre de Belén y cuya luz sigue iluminando al mundo 2024 años después. Dios nos permita iluminar, más que brillar, en estas fiestas… Feliz Navidad a todos mis lectores.
