Diego Lara León
El tiempo, un insumo preciado y costoso para unos, esquivo e inalcanzable para otros, ha sido desde siempre un misterio para cualquier civilización.
Controlar el tiempo, encerrarlo y hasta detenerlo ha sido una utopía. Lo cierto que es el tiempo es más subjetivo que objetivo, más cualitativo que cuantitativo.
Basta con analizar el ¿por qué sentimos que el tiempo “pasa volando” cuando nos divertimos o estamos en buena compañía, o, “pasa tan lento” cuando estamos aburridos o incómodos?
Lo único que el ser humano ha podido hacer, es contar el tiempo y asignarle un sistema de medición, pero solo eso se ha logrado. El tiempo no se para, el tiempo no retrocede, el tiempo sigue y seguirá pasando.
Siempre hemos tenido la necesidad de sentir que controlamos nuestro tiempo. Sin embargo, el tiempo no es nuestro, nosotros somos del tiempo. En esa búsqueda de querer controlarlo todo, hemos inventado desde los relojes solares (que por cierto son los más precisos), también los relojes manuales, los atómicos, los digitales, y los inteligentes (los smart watch).
Las nuevas generaciones no vivieron tradiciones tan simpáticas como aquella en la que nuestros padres y hasta nosotros mismos, llamábamos al 109, número de teléfono asignado al reloj atómico de la Armada del Ecuador, que de forma precisa y automática nos decía la hora exacta, con la famosa frase: “al oír el tono serán las ……”.
En materia de calendarios también la humanidad ha desarrollado muchos tipos, desde diferentes ópticas, costumbres, civilizaciones e incluso religiones. A lo largo de la historia hemos tenido calendarios: chino, hebreo, hindú, musulmán, persa, budista y por supuesto el famoso y preciso calendario maya.
Pero, el más utilizado en el todo el mundo es el calendario gregoriano, un calendario solar creado en 1582. El desfase con el ciclo solar llevó al Papa Gregorio XIII a encargar un nuevo calendario en ese año, calendario que luego llevó su nombre.
Este calendario que hoy es nuestra guía en el paso del tiempo tiene doce meses, cada mes fue bautizado en relación a un personaje o acontecimiento. Así tenemos que: enero, proviene del latín ianuarius y honra al dios Jano, que representaba los inicios y los finales; eebrero, toma su nombre en honor a la fiesta romana Februa, que se celebraba para purificarse; marzo, viene de Marte el dios de la guerra y guarda relación con el mes donde los romanos comenzaban sus campañas militares; abril, se relaciona con la palabra “abrir” y la llegada de la primavera; mayo, proviene de la palabra latina majorum (mayores) y homenajeaba a los ancianos romanos; junio, honra a la reina de los dioses, Juno, y a Lucio Junio Bruto, uno de los fundadores de Roma; julio, toma el nombre en honor a Julio Cesar, uno de mas importantes emperadores de Roma; agosto, es otro mes que rinde homenaje a un emperador romano, Augusto el monarca que derrotó a Cleopatra y Marco Aurelio; septiembre, octubre, noviembre y diciembre, son meses cuyos nombres guardan relación con su ubicación original en el calendario romano; séptimo, octavo, noveno y décimo, respectivamente.
La culminación de un ciclo nos invita a evaluar los resultados de todo aquello que se hizo en este año. El 2024 sin duda fue un periodo lleno de cosas buenas y malas, logros y fracasos, momentos claros y momentos oscuros (literal), eventualidades que pusieron a trabajar nuestra capacidad de adaptación.
Que este fin de año sea un momento para recargar energía, reflexionar, renovar sueños y compromisos. Y que, a partir del 1 de enero, iniciemos un nuevo ciclo donde la principal tarea debe ser construir en nosotros una mejor versión de ser humano. Es una grata obligación entregarle a nuestra familia y a la sociedad, la mejor versión de persona que podamos construir.
Desde este espacio de opinión quiero desear a todos ustedes un año 2025 lleno de esperanza, lleno de calor de hogar, con mucha salud, trabajo dinamizador y sueños por cumplir. Que la solidaridad, el respeto, la tolerancia y el trabajo en equipo sean la constante en este nuevo ciclo.
En este año han sido 50 editoriales, 50 temas que les he presentado con mucho respeto y buscando aportar desde “este lado de la vereda”. Gracias a Diario Crónica por ser la tribuna del pensamiento y la información veraz y oportuna; y, por ser “mi casa” donde puedo compartir estas letras.
Feliz 2025!!!
