Educación, innovación y transformación en el siglo XXI

Juan Luna Rengel

Quilanga, 10 de enero 2025

La educación es un derecho reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y en la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), exigencia en los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODS), garantizado en la Constitución ecuatoriana, a la vez, hoy es un reto para la sociedad y los gobiernos a fin de alcanzar la calidad, calidez, eficacia y eficiencia del modelo educativo que conduzca definitivamente a la innovación y transformación de la sociedad

Etimológicamente, la educación, (del latín educere “guiar, conducir” o educare “formar, instruir”) entendiéndose tanto la educación formal, la no formal y sus modalidades surgidas y formuladas a raíz de la pandemia que fue favorable a un abanico de oportunidades para que nadie, absolutamente nadie, se quede sin ir a la escuela y terminar, al menos, su educación general básica, siendo hoy una necesidad extenderla hasta el bachillerato como obligatoria.

La educación es el eje articulador de la transformación de la sociedad y en medio de la sociedad del conocimiento y del desarrollo tecnológico está de urgencia llamada a renovarse para inmediatamente pasar a la innovación y desde la reflexión y concienciación ser sujetos de la transformación de la sociedad.

La digitalización a nivel mundial mejora la capacidad de comunicación entre los individuos y reclama una mayor preparación para el uso de nuevos recursos pedagógicos de aprendizaje presencial a distancia, virtual, para ello, los docentes están convocados a cambiar las actitudes y estructuras mentales y abrirse a la diversidad de oportunidades que la ciencia, la tecnología ofrece, pues, el centro y razón de la enseñanza-aprendizaje es el estudiante y hay que ajustarse a sus intenciones y aspiraciones para aprender.

El sistema educativo y sus líderes que lo administran y gestionan deben estar en constante movimiento, transformación y profesionalización en el marco de un currículo que debe planificarse desde la apertura, flexibilidad, responsabilidad y libertad para que responda a un real contexto local, nacional e internacional mediante la utilización de recursos del entorno y otros que cada vez son más variados en la TIC.

Familia, estudiantes y docentes con los tres pilares fundamentales sobre los que emerge el proceso educativo, y tanto, el currículo nacional 2016, sus consecuentes variaciones y ajustes a través de acuerdos ministeriales permiten integrar el saber ser, el saber hacer y el saber conocer (Ref. Tobón, Pimienta y García Fraile, 2010).

Las competencias son las capacidades de poner en operación los diferentes conocimientos, habilidades y valores de manera integral en las diferentes interacciones que tienen los seres humanos para la vida y el ámbito laboral.

La educación para la innovación y transformación en el siglo XXI tendrá su éxito si, entre otras competencias, permita: a) Desarrollar una actitud crítica, constructiva y positiva hacia las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC), como parte de nuestra sociedad y de nuestra cultura, b) Reflexionar sobre la influencia los sistemas de información y comunicación en la construcción social, c) Adquirir o desarrollar curiosidad intelectual, es decir, tener actitud de búsqueda, indagación, iniciativa y espíritu crítico; y, vivenciar los valores humanos e institucionales para lograr paz y justicia.

Difícil es el camino, pero los retos son la luz que acompañan el cumplimiento de objetivos por un modelo educativo ecuatoriano que “no mira el pasado con ira, ni con temor el futuro, sino con conciencia a su alrededor”.