Podemos hacerlo mejor

El reciente desastre ambiental que devastó una vasta extensión de nuestros bosques ha dejado cicatrices profundas no solo en el paisaje de los valles cercanos, sino también en la conciencia colectiva de nuestra comunidad. Las llamas no solo arrasaron con árboles y fauna, sino que también nos recordaron la vulnerabilidad de nuestro entorno frente a la acción humana.

Una comisión ambiental especializada permitiría coordinar esfuerzos, canalizar recursos y generar políticas claras para una recuperación efectiva de los bosques. Esta entidad debería estar conformada por expertos en ecología, representantes gubernamentales, organizaciones ambientales y miembros de la comunidad local y academia local, un modelo que se puede replicar de ciudades como Cuenca. Su misión no solo sería reforestar, sino también garantizar el monitoreo, mantenimiento y protección de las nuevas plantaciones y asegurando que las decisiones tomadas cumplan con estándares técnicos. Además, el enfoque debe ir más allá de plantar árboles. Es fundamental seleccionar especies nativas para mantener la biodiversidad y asegurar la adaptación al entorno local. También se debe involucrar a la población en programas de educación ambiental, generando conciencia sobre la importancia de prevenir incendios forestales y cuidar de nuestros recursos naturales. Más aún en el complicado contexto hidrológico que atravesó nuestro país. Lo que se viene, en caso de no tomar acción, serán sequías más complejas y prolongadas, algo que se puede evitar desde el cuidado al medio ambiente.  

La creación de esta comisión no solo es una respuesta necesaria ante la emergencia, sino también una oportunidad para demostrar que nuestra comunidad puede ser un ejemplo de resiliencia y responsabilidad ambiental. Manteniéndonos dentro de mínimos en cuanto a la correcta gestión de los recursos. Reforestar no es solo un acto de reparación; es una declaración de amor y compromiso con la tierra que habitamos, debemos cuidarla