Futuro épico

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Vamos por la senda de la esperanza, por esto, sinceramente espero que la promesa en cada gota de lluvia reviente en primavera, aunque no sé si habrá primavera. Si yo pudiera mirar el castillo que tengo delante, aquel que está en el vuelo del pájaro o el palacio del pez, en mundos opuestos, si su ojo fuera mi ojo, de nada valdrían otros discursos porque el futuro estuviera en todo, no sería más algo que envuelve los mundos sino lo que llena los mundos.

Si conservara la conexión como el ave, que es del cielo como de la tierra, ese futuro no estaría más alrededor del mundo, no estaría separado, no sería tan incomprensible sino el camino y la plenitud en el instante mismo.

Si lograra ver con ojo eterno el futuro, no estaría tan lejano ni la felicidad sería la utopía que no se alcanza, acercarse a esa luz que brilla en el futuro no sería más un simple ideal sino la experiencia misma, que en cada momento de vida satisfaga el alma. La luz me iluminaría permanentemente, me llenaría y percibiría la belleza, la plenitud en cada detalle de la vida.

Si la luz que ilumina mi futuro estuviera en cada puerta y alternativa que se me presenta, las cosas fueran más sencillas, descubriría que lo accesible reside en lo inaccesible, que lo anhelado está en lo pensado.  Entonces comprendería que lo ilimitado se limita para ser aprehendido, pero que la clave está en lograr asirlo entre ilimitado.

Cuando decidimos cambiar la perspectiva, cuando empezamos a buscar el futuro anhelado en cada alma, pájaro, animal, árbol, en cada gota de rocío que es lluvia misma y también sol, y que es mensaje de otros mundos, cuando mi ojo es el gran ojo, entonces, no hay mar, ni río que estén separados, ni las nubes y el cielo son diferentes de la tierra, porque son uno solo, y desde esa comprensión la vida que gobierna, se genera la plenitud perfecta.

Si conectamos con la distancia recorrida por cada poeta, si sintonizamos nuestro latir con el latir de lo sublime, si entendemos que cada nube se parece de muchísimas formas a nosotros, si vemos que un insecto guarda la misma magia que nos colocó en esta tierra, si valoramos, conscientes de que acá no hay quienes valgan más que otros, si pisamos el campo con el mismo respeto que guardamos para el palacio, comprenderemos toda la ciencia que habita en el batir de alas del colibrí, en el vuelo del pájaro, en el nadar del pez, en el brillo de la estrella y, por supuesto, si logramos sentir la felicidad que se aspira para uno en el otro, el futuro es nuestro, no hay premio más gordo o mayor, y la esperanza recobra esperanza.

Este futuro épico nos muestra el rostro de un Supremo más accesible, al cual lo encontramos en todos los lugares, en los demás seres, bastando solamente mirar alrededor e internamente con amor, alabanza y respeto, esto parece haber sido entendido por otros habitantes vivos del globo azul, solo el humano se ha demorado tanto en verlo, —se nos ríe el viento—.  

Por todo esto, te deseo que elijas un futuro épico, aunque otros crean que valen más las cifras, las estadísticas, los cálculos, la política, que, en verdad, comparados con la supremacía de la realidad, me parecen simples juegos.