Campos Ortega Romero
José “Pepe” Mujica, nació el 20 de mayo de 1935 en Montevideo, creció en un hogar humilde que influiría profundamente en su visión del mundo. En los años 60, se unió al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, un grupo guerrillero que desafió las estructuras de poder en Uruguay. Eran épocas donde los movimientos revolucionarios estaban dando que hablar en Latinoamérica, con una revolución cubana encabezada por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, en Uruguay se crea el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), un grupo armado que llevó adelante una guerrilla durante la década del 60. En 1964 Mujica se unió para participar de una guerrilla, cuando Uruguay aún estaba en democracia, recibió seis balazos y fue detenido. Uno de los hechos más icónicos fue cuando lo encarcelaron en 1971 y se fugó junto a otros 100 tupamaros por un túnel de 40 metros.
Su lucha lo llevó a enfrentar la represión de la dictadura militar, encarcelado durante 13 años, gran parte de ellos en condiciones infrahumanas. Lejos de quebrarlo, esos años moldearon su carácter y reforzaron su compromiso con los ideales de igualdad y libertad. En democracia, Mujica dejó las armas para abrazar la política como un camino de transformación social. En 2010, alcanzó la presidencia de Uruguay como representante del Frente Amplio, una coalición de izquierda que gobernó el país por 15 años.
José Mujica, conocido como «el presidente más pobre del mundo», ha dejado una huella profunda en la historia de los líderes latinoamericanos. Su legado, marcado por decisiones políticas audaces y un estilo de vida austero, sigue siendo motivo de admiración y debate. Mujica dona el 90% de su salario, para proyectos sociales manteniendo un estilo de vida austero que se volvió un mensaje en sí mismo. “No soy pobre, soy sobrio. Vivo con poco para que otros puedan vivir mejor”.
Durante su mandato, Mujica impulsó políticas progresistas, como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y la regulación del mercado de la marihuana, convirtiendo a Uruguay en pionero en esta materia. Su liderazgo estuvo marcado por un enfoque en los derechos humanos, la justicia social y la sostenibilidad. Siendo una figura influyente en el ámbito político y social, participando en conferencias y discutiendo temas globales relacionados con la justicia social y la protección del medio ambiente. Su vida y su carrera han sido una fuente de inspiración para muchas personas alrededor del mundo y padecer un cáncer de esófago le ha dado una perspectiva ejemplar sobre la vida y la muerte.
Desde su humilde residencia en las afueras de Montevideo, el exmandatario concedió una entrevista al medio estadounidense The New York Times, en la que reflexionó sobre la humanidad, el ciclo de la vida, y de paso, entregó detalles sobre su estado de salud.
“Me hicieron un tratamiento con radiología. Según los médicos, anduvo bien, pero yo estoy deshecho”, comentó.
Sin embargo, la conversación con el citado medio -al estilo del exmandatario- adquirió rápidamente un tono filosófico: “(La humanidad) gasta mucho tiempo inútil. Se puede vivir más tranquilo. Mirá, Uruguay tiene 3 millones y medio de habitantes. Importa 27 millones de pares de zapatos. Hacemos basura. Trabajamos en pena. ¿Para qué? Eres libre cuando escapas a la ley de la necesidad, cuando gastas tiempo de tu vida en lo que a ti se te ocurre. Si las necesidades se te van multiplicando, gastas el tiempo de tu vida en cubrir las necesidades.
“Ahora -prosiguió Mujica- los humanos podemos crear necesidades infinitas. Resulta que el mercado nos domina y se queda con todo el tiempo de nuestra vida. La humanidad necesita trabajar menos y tener más tiempo libre y ser más sobria. ¿Para qué tanta basura? ¿Por qué hay que cambiar el auto? ¿Cambiar de heladera? Porque la vida es una y se va. Hay que darle sentido a la vida. Hay que luchar por la felicidad humana. No solo por la riqueza”.
No obstante, aseveró, que aún posee esperanzas en la humanidad, “porque la vida es hermosa”. “Con todas sus peripecias, amo la vida. Y la estoy perdiendo porque estoy en el tiempo de irme”, añadió.
“¿Cuál es el sentido de la vida que le podamos dar nosotros? El hombre frente a los otros animales tiene la capacidad de encontrar una causa para su vida. O no. Si no la encuentra, el mercado lo va a tener toda la vida pagando a costo. Si la encuentra va a tener algo para qué vivir. El que investiga, el que le gusta la música, el que tiene una pasión deportiva, algo. Algo que le llene la vida”, argumentó. El exmandatario también comentó cómo le gustaría que lo recordaran: “Ah, como lo que soy: un viejo loco”. Salud y admiración, para un ser humano, digno maestro de la esperanza de un futuro mejor. Así sea.
