Efraín Borrero Espinosa
Hace pocos días falleció en la ciudad de Quito un ilustre lojano: Pío Oswaldo Cueva Puertas, nacido el tres de enero de 1935 en el seno del hogar formado por Ángel Minos Cueva Ontaneda y Rosa Angélica Puertas Ledesma.
Ángel Minos Cueva, un hombre próspero, ayudó a sus hijos en su formación y vida profesional. A Pío Oswaldo, el tercero de siete hermanos, lo inscribió en el encumbrado y prestigioso Colegio San Gabriel de Quito en cuyas aulas se educaban los hijos de banqueros, empresarios, hacendados, políticos y otras gentes importantes, convirtiéndose en una verdadera academia de líderes.
El Colegio San Gabriel funciona bajo la égida de los jesuitas de la Compañía de Jesús desde que el presiente Gabriel García Moreno los trajo de vuelta en 1862, luego de sus dos expulsiones del territorio nacional; la una decretada a nivel de todo el imperio español por el Rey Carlos III, en 1767; y, la otra, por el presidente José María Urbina, en 1852.
Pío Oswaldo disfrutó de una educación de calidad, reconocida nacional e internacionalmente. La planta de profesores la conformaban profesionales y maestros de alta solvencia académica, como los sacerdotes jesuitas Jorge Chacón, en literatura, y Alfonso Acosta Velasco, en Cívica; Aurelio Dávila Cajas, en matemáticas; Francisco Salazar Alvarado, en Geografía; Jorge Salvador Lara, en historia, y Juan Espinosa, entre otros.
Jamil Mahuad Witt fue uno de los diez presidentes de la república que cursaron sus estudios en ese Colegio; también lo hicieron otros lojanos, como Carlos Vergara Jaramillo, Leonardo Cueva Puertas, hermano de Pío Oswaldo, y Hernán Sotomayor Veintimilla, de los que tengo en mente.
Contando con el apoyo de su padre, Pio Oswaldo viajó a París para ingresar en la prestigiosa Escuela de Administración Pública, también llamada ENA, que en el año 2021 fue disuelta por el presidente Emmanuel Macron.
Dice su hermano Leonardo, que a su regreso de Francia en 1960 Pío Oswaldo creó la Alianza Francesa de Loja para la enseñanza y aprendizaje del francés, y que, en 1981, cuando fue diputado, logró que el Congreso Nacional aprobara una asignación en el Presupuesto Nacional del Estado para la construcción del edificio institucional. El gobierno francés, reconociendo que Pío Oswaldo contribuyó a intensificar las relaciones entre Francia y Ecuador, le confirió la condecoración “Legión de Honor”, la mayor presea que otorga ese país.
En la Universidad Nacional de Loja obtuvo su título como licenciado y fue el mejor egresado en la Facultad de Jurisprudencia, lo que motivó su decisión de especializarse en la Academia de Derecho Internacional de la Haya y en el instituto de la Organización de las Naciones Unidas.
Fue en ese año de 1960 que Minos Cueva consideró que su hijo, Pío Oswaldo, dotado de gran capacidad expositiva, méritos propios y amor por su tierra natal, debía postular su candidatura a la diputación por la provincia de Loja, en cuyo propósito lo apoyó económicamente y se encargó personalmente de los contactos políticos.
En aquel tiempo regía la Constitución de 1946 que establecía que la Función Legislativa se ejerce por el Congreso Nacional, compuesto de dos Cámaras: la de Senadores y la de Diputados. Los senadores duraban cuatro años en sus funciones y los diputados dos. Tanto senadores como diputados podían ser reelegidos indefinidamente.
Tras la votación popular Pío Oswaldo logró el objetivo de alcanzar la diputación por la provincia de Loja, marcando así el punto de partida de una brillante trayectoria legislativa que abarcó ocho períodos en total, evidenciando que el pueblo lojano reconocía en su fructífera labor el cumplimiento impecable de una función pública al servicio del país y en defensa de los intereses de Loja.
Desde que el veinte de septiembre de 1831 se instaló en Quito el primer Congreso Nacional de la vida republicana del Ecuador, en el cual participaron por nuestra provincia: José María Lequerica, José María Riofrío y José Pio Escudero, Loja ha estado representada por algunos ilustres y destacados diputados, refiriéndome exclusivamente a esa dignidad, contribuyendo con su capacidad, buen desempeño y honestidad de procedimientos al desarrollo del país y particularmente de nuestra tierra. Pío Oswaldo fue uno de ellos.
Lo Conozco desde mi juventud y lo recuerdo dirigiéndose a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Loja, que por aquel tiempo ocupaba una casa grande situada en la calle Sucre, entre Miguel Riofrío y Rocafuerte, para ejercer su destacada labor docente. En un par de ocasiones compartió nuestras reuniones sociales y se sentía a gusto no obstante la diferencia de edad.
Años más tarde, en el período legislativo 1998-2002, en circunstancias que me desempeñaba como asesor parlamentario, tuve la oportunidad de constatar sus lucidas intervenciones en el Congreso Nacional, caracterizadas por una fluida, versada y consistente oratoria para sustentar sus argumentaciones. Su vasta cultura general enriquecía sus exposiciones.
Pío Oswaldo ha sido reconocido como el parlamentario respetuoso de la majestad del recinto legislativo y de sus colegas. Jamás utilizó la ofensa y la diatriba para defender esos principios y fundamentaciones, porque era un hombre de bien y lleno de valores.
No escapa el momento en el que su vida estuvo en riesgo. Eso ocurrió en septiembre de 1980 en circunstancias que en el Congreso Nacional se interpelaba al entonces Ministro de Bienestar Social, Alfredo Mancero Samán, por el asunto de algunas reformas en beneficio de la mujer para que su jubilación sea con veinte y cinco años de aportaciones sin considerar la edad. Las discusiones entre el diputado Otto Arosemena Gómez, que años antes había ejercido la Primera Magistratura, y el diputado por la provincia de Chimborazo, Pablo Dávalos, subieron de tono. Los ánimos entre los dos protagonistas se exacerbaron al punto que Arosemena le gritó a Dávalos: usted es un pedazo de mangajo, una expresión usada para referirse a persona despreciable, y él respondió con el mismo tono de voz: más mangajo será usted. Entonces Arosemena sacó de su maletín un revolver de oro que algún presidente de Estados Unidos le había obsequiado para ser utilizado como artículo personal, y en un ataque de ira le disparó. Gracias a Dios que no fue fatal; sin embargo, la bala fue a parar inexplicablemente en la pierna de Pío Oswaldo que estaba a dos metros de Dávalos. Los heridos fueron atendidos urgentemente en medio de la conmoción que el incidente provocó y llevados a una clínica.
“Su vida estuvo marcada por un incansable compromiso con la provincia de Loja y con el Ecuador, siendo un ejemplo de dedicación y servicio. Su trabajo estuvo orientado al servicio público, buscando mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos y consolidar las bases de una democracia sólida”, resalta una nota de prensa.
A lo largo de sus períodos legislativos el arduo trabajo desarrollado se plasmó en algunas normativas destinadas al desarrollo de nuestra provincia, contándose entre ellas la Ley del Plan Inmediato para el Riego de Loja; Ley de Creación de la Orquesta Sinfónica de Loja, que posibilitaba la financiación de esta institución cimera de la cultura musical lojana; Ley de creación de la Junta de Recuperación Económica de Loja, El Oro y Zamora Chinchipe, y complementariamente, autor del Decreto Legislativo creando rentas para que esa Junta destinara esos recursos a la construcción de canales de riego, entre ellos el de Macará. Así mismo, Ley que asigna recursos al Municipio de Loja para la pavimentación de las avenidas de paso por la ciudad de Loja; Ley de creación del Primer Banco de Economía Mixta del Ecuador, con la cual fue posible dar vida al Banco de Loja; Ley de saneamiento de títulos de dominio de terrenos urbanos en los cantones fronterizos: Macará, Sozoranga y Espíndola; Ley para promover la electrificación de Loja y Zamora Chinchipe, que dio pábulo para la constitución de la primera empresa eléctrica regional del país; Ley que crea rentas para iniciar la construcción de la Ciudad Universitaria, y otras importantes.
Pío Oswaldo ha sido merecedor de muchos homenajes que a lo largo del tiempo le han tributado instituciones públicas, culturales, educativas, colegios profesionales, sindicatos de trabajadores y de choferes de la Provincia de Loja, considerando su loable labor legislativa y el destacado desempeño en otras funciones públicas, entre ellas la de Representante Diplomático en Panamá y Costa Rica. El último que recibió fue en la Universidad Nacional de Loja hace pocos días.
Su partida eterna deja un precioso legado y un ejemplo de lo que debe ser un digno representante de Loja ante la hoy llamada Asamblea Nacional. Al rendirle este sencillo homenaje póstumo expreso mi sentida condolencia a su distinguida esposa, Ximena Vela Borja, a sus hijas y demás apreciados familiares.
