Juan Luna Rengel
Quilanga, 31 de enero 2025
En cumplimiento de la ley, pretexto para llamar democracia, nuevamente los ecuatorianos y ecuatorianas estamos convocados a votar obligatoriamente. Ya muy cercano el final del proceso, el 09 de febrero, en medio de la crisis de inseguridad, corrupción judicial, estados de excepción, la deportación inmisericorde de nuestros migrantes desde los Estados Unidos, una agobiante crisis económica y en medio de una desinstitucionalización debemos acudir al recinto electoral y como ciudadanos elegir consciente y responsablemente al presidente, vicepresidente, asambleístas nacionales, provinciales y representantes al Parlamento Andino.
Están inscritos 16 binomios presidenciales y cientos de candidatos a asambleístas, en su mayoría desconocidos, los ganadores ocuparán 151 curules en la Asamblea Nacional y 5 escaños en el Parlamento Andino. Proceso de inscripción que, en muchos casos, violentó la Constitución, el Código de la Democracia y el Reglamento de Participación, dejando una estela de duda, de justicia y probidad en el CNE y en los candidatos.
Desde el 05 de enero en que inició la campaña oficial, todos los ecuatorianos y ecuatorianas, por distintos medios de comunicación convencionales y tecnológicos, actividades proselitistas y una serie de conversatorios organizados por el propio CNE, de forma obligatoria, hemos podido conocer al profesional, al padre de familia, al empresario, emprendedor y sobre todo al ser humano que dice o muestra ser.
De a poco en tertulias, recorridos, spots propagandísticos y en una guerra sucia en las redes sociales han ido deshojando su plan de trabajo presentado e inscrito en el CNE, pero en otras, somos testigos mudos, de su incoherencia entre el plan y su discurso que, obligados por las circunstancias, han mostrado un baratillo de ofertas incoherentes e imposibles de realizar, han atentado a la ética y moral al corromper el voto y pretender comprar la consciencia del elector con regalos y ofertas demagógicas, de las cuales los operadores de los candidatos, “asalariados de campañas políticas” de turno buscan convencer, particularmente, a los sectores más empobrecidos y vulnerables, a quienes no regresarán a ver, una vez que se coloquen en sus anhelados puestos políticos.
En este panorama el voto de cada ciudadano debe ser debidamente informado y concienciado, que supere todo tipo de temores y miedos, que con nuestra capacidad de decisión enfrentemos la incertidumbre y aguardemos la esperanza de que los ciudadanos somos merecedores de mejor suerte. No nos dejemos convencer por la juventud, madurez o adultez del candidato, lo que debe primar al sufragar es nuestro criterio debidamente analizado y confrontado, solamente así, podemos pedir coherencia mañana al gobernante.
No necesitamos un gobernante poderoso que genere asombro e impacto en su imagen, sino que necesitamos una AUTORIDAD, responsable, coherente, con conocimiento; un LÍDER sensible, honesto, muy humano y con capacidad para generar acuerdos y consensos para superar la prolongada que agobia a todos, reducir la pobreza y extrema pobreza, para hacer un país de igualdad de oportunidades para todos, hay que incluir a nuestros migrantes deportados en apoyo emocional y económico. Necesitamos empleo y salarios dignos y se eliminen los privilegios remunerativos de los funcionarios de elección popular para que la equidad, la justicia, la solidaridad y el respeto entre las personas y la naturaleza sea el espejo de Ecuador al mundo.
El voto es de cada uno, la responsabilidad de exigir es del mandante, la obligación del gobernante es cumplir y garantizar vida digna a cada ecuatoriano.
