¿El ocaso local de las bibliotecas?

Numa P. Maldonado A.

En Ecuador, el 21 de febrero, se celebra el Día del Bibliotecario en el calendario nacional, en honor a Eugenio Espejo, quien  nació precisamente en esa fecha, el 21 de febrero .  

Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (Quito, 21 de febrero de 1747-Quito, 27 de diciembre de 1795), ilustrado mestizo ecuatoriano de origen humilde, fue un personaje polifacético: médico, abogado, escritor, educador, periodista, sociólogo, político … y prócer de la independencia de Ecuador. Políglota (conocía el latín y el griego) y científico. Como investigador contribuyó a esclarecer varios aspectos importantes en la ciencia médica,  especialmente en el aspecto de salubridad y cura de la viruela, que fueron muy apreciados en América y Europa. Como periodista fundó el primer rotativo nacional, Primicias de la Cultura de Quito (siete  números). En los últimos años de su vida, a su retorno del destierro de Bogotá,  fundó la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito y, el 30 de noviembre de 1791, una sede fue establecida en el Colegio de los Jesuitas. Fue electo su director y ese mismo año, se convirtió en director de la Primera Biblioteca Pública, la Biblioteca Nacional, conformada en un inicio por los cuarenta mil volúmenes dejados por los jesuitas tras su expulsión del país.

El legado de Espejo

Las ideas de Espejo, producto de autoformación, su consciencia revolucionaria y libertaria acorde con las ideas más avanzadas de la Ilustración, calaron particularmente en  tres de sus amigos cercanos: Juan Pío Montúfar, Juan de Dios Morales y Juan de Salinas, líderes del movimiento que culminó con la declaración de independencia del 10 de agosto de 1809.

Publicó el primer periódico de Quito, razón por la cual es considerado el fundador del periodismo ecuatoriano. Es considerado como el primer crítico literario del Ecuador (el Nuevo Luciano es la obra de crítica literaria más antigua de América del Sur). Es el pionero y promotor de las nuevas ideas pedagógicas que buscaban una formación educativa más integral y acorde a la época. Junto a Pedro Vicente Maldonado es uno de los dos científicos más importantes del Ecuador colonial. Estudió la realidad social del Quito colonial: pobreza, falta de saneamiento y salud, servicios básicos y educación; limitaciones que las denunció y combatió, y por eso fue perseguido y murió, aun joven, en una cárcel miserable.

 Antes de terminar esta corta nota, quiero resaltar que Espejo se preciaba de ser un gran lector, en esa época cuando era muy difícil acceder a un libro, no se diga a un buen libro, por eso en sus cortos años de bibliotecario debió haberse sentido feliz junto a tantos buenos amigos inmateriales.

La gran paradoja es que hoy, en la edad de la Información y la  Comunicación, esas bibliotecas tan apreciadas por Espejo, ya casi nadie las ocupa. Muchas desaparecen y otras prefieren no recibir donaciones por falta de clientela. ¿No será posible que alguien, desde cualquier dependencia pública o medio social, aunque sea desde el Ministerio  de Educación, se preocupe por dar alguna solución valedera y ágil a este lamentable suceso?  Las nuevas bibliotecas que está implementando el gobierno de Bukele en El Salvador podrían ser un ejemplo. Con lo dicho y modesta esta sugerencia, quiero exaltar la importancia de los centros de lectura a lo largo de la historia, de manera especial un sincero reconocimiento a los bibliotecarios, que siguiendo el derrotero que dejó Espejo, honran su noble oficio.