La palabra resiliencia se refiere a la capacidad de sobreponerse a momentos críticos, adaptándose a una nueva situación inusual e inesperada. En el ser humano podría definirse como la capacidad que tiene una persona para hacer frente a sus propios problemas, para superar períodos de dolor emocional y situaciones adversas, saliendo fortalecido de ellas. Se considera que todas las personas tenemos la capacidad de sobreponernos a un estímulo adverso, pero el uso decidido y firme de esta capacidad es lo que nos hace realmente resilientes.
Afrontar la adversidad con mente positiva es una cualidad de las personas resilientes en Cristo. Los hijos de Dios sabemos que todo tiene un propósito, la adversidad conlleva un aprendizaje, un crecimiento. Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman. Podemos vencer cualquier adversidad pues Cristo nos fortalece y nos guarda en completa paz, pues estamos seguros que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
Las personas resilientes en Cristo tenemos el hábito de vivir en el presente, sabemos que las cosas viejas pasaron y todo aquí es hecho nuevo. El pasado solo lo recordamos para dar testimonio de las grandes cosas que Él realizó en nuestra vida. Olvidando lo que queda atrás, proseguimos hacia la meta.
La empatía es una cualidad innegable del resiliente en Cristo, pues el Santo espíritu de Dios nos lleva a sentir gozo junto a los que tienen gozo y a llorar junto a los que lloran. Si el señor nos pide que seamos buenos y compasivos los unos con los otros, y nos llama a perdonarnos todas las veces, ¿por qué no hacerlo?
Una vida con propósito es un rasgo fundamental del resiliente en Cristo. Nosotros no lo escogimos, Él nos escogió y nos comisionó para dar fruto abundante y permanente. El Señor tiene un llamado para cada uno de nosotros, un llamado basado en su amor y aunque haya tribulación y en mas de una ocasión nos toque dar vueltas por el desierto, Él siempre abre el mar para que sigamos adelante.
En un mundo en el que impera la incertidumbre, el temor, la ansiedad y la depresión, necesitamos personas resilientes, personas dispuestas a vencer la adversidad y aprender de ella. Dicho así parece fácil, aunque en realidad es una tarea muy difícil si no se tiene en nuestra vida la presencia del Dios vivo. La transformación necesaria para ser resilientes solo viene de Él. No miremos esta realidad desde lejos, Jesús está a la puerta, ¿Le abres?
