Campos Ortega Romero
En la historia de la humanidad la modernidad se ponderó por la racionalidad, la cual es un eje de este pensamiento y es la razón por la cual lo religioso pasó a un segundo plano. Al igual que se delimitó cada territorio, se instauró divisiones de poder las cuales pusieron fin al orden feudal. Asimismo, se desarrolló lo industrial que puso límites a la producción manual y convirtió a las ciudades en centros de producción, consecuencia de lo señalado, surge una nueva clase social encargada de mantener el orden y control del “nuevo” estado: la burocracia.
Una consecuencia lo que trae la modernidad para la sociedad es la búsqueda de un bien propio. Es decir, el individuo solo se preocupa por su bienestar y no le importa lo que ocurre a su alrededor, accionar que implica convertirse en una sociedad consumista e individualista en búsqueda de solo complacer deseos personales los cuales son creados por otros para generar un consumo, y los valores morales pasan a un segundo plano o se olvidan de apoco las normas de convivencia entre la comunidad.
Frente a esta realidad, le recordamos la herencia de Lao Tsé: “El agradecimiento es la memoria del corazón” sí, convencidos estamos que un corazón agradecido no hace sino henchirse y trasmitir una emoción de múltiples formas y maneras, junto a una sonrisa, una caricia, un cuídate, deseos y actitudes que nos enlazan con la vida, alimentando y reconfortando al alma humana, aun en las situaciones más azarosas.
Estar agradecido no significa convencerse a uno mismo de que todo está bien. Vivir la vida con gratitud significa elegir enfocar nuestro tiempo y atención en lo que realmente apreciamos y valoramos. No se trata de bloquear las dificultades, sino de afrontarlas desde una perspectiva distinta. Esto es lo que nos conecta con las cosas cotidianas, grandes y pequeñas, que de otro modo podríamos dar por reposado.
La gratitud puede ayudarnos a ver que no todo es terrible, al menos no todo el tiempo. Practicar la gratitud puede mantener nuestros corazones abiertos a la ternura en nuestras experiencias diarias. Hay tantas cosas por las que estar ¡agradecido!… Ese rato de tranquilidad por la mañana, la sonrisa del vecino con el que nos cruzamos, tener buena salud, los abrazos de nuestros seres queridos, tener a alguien que nos ama, que nos echa de menos, el agua caliente saliendo del grifo, la casa oliendo a comida recién preparada. Estamos rodeados de cosas maravillosas y, sin embargo, muchas veces no nos damos cuenta.
Sí, convencidos estamos que a medida que cultivemos un mayor aprecio por lo que nos rodea, podemos incluir estar agradecidos por lo que hay dentro de nosotros. Podemos sentirnos agradecidos por nuestros talentos y fortalezas (todos las tenemos), por nuestra energía, por nuestra determinación, incluso por nuestro cuerpo que nos permite seguir vivos. Podemos estar agradecidos por tener un corazón, una mente y la sabiduría para saber cómo vivir con amabilidad y generosidad entre todas y todos los hombres y mujeres de nuestro entorno.
Agradecer la atención y el apoyo que nos brindan los demás, en grandes o pequeños gestos cotidianos, significa reconocer que sentimos su presencia, su mirada, sus gestos hacia nosotros. Es una forma poderosa de fortalecer e incluso compensar los vínculos emocionales que nos unen con las otras personas. Es una manera de construir un mundo mejor donde todas las personas nos mantenemos conectadas con el corazón. Agradecer significa, en última instancia, estar atentos a todo lo que nos rodea, a las otras personas y a nosotros mismos, como sinónimo de gratitud.
La práctica de la gratitud, señalan los psicólogos Robert Emmos de la Universidad de California y Michael MaCulloug de la Universidad de Miami, que la práctica de la gratitud tiene efectos no solo emocionales, sino también fisiológicos, particularmente en el funcionamiento del cerebro, al expresar gratitud hacia otras personas más frecuentemente la salud física mejora las relaciones sociales, fortalecen el estado emocional, cambia positivamente, se modifica la estructura molecular del cerebro, se mantiene la materia gris funcionando y aumentan los neuroquímicos esenciales relacionados con el bienestar, como la dopamina, la oxitocina y la serotonina.
Concluimos que agradecer siempre será un acto de humanidad, con un alto valor social, que contribuye a la esperanza, la resiliencia y el afrontamiento de la crisis, así entendemos lo que señala Lao Tsé: “El agradecimiento es la memoria del corazón” Así sea.
