por ruy fernando hidalgo montaño
Los seres humanos grandes jamás desaparecen por completo solo se transforman en semilla eterna por medio del ejemplo y las enseñanzas que fueron capaces de dejar en su tránsito por este mundo. Sin ninguna duda, el ecuatoriano más emblemático de todos los tiempos es el general Eloy Alfaro Delgado, por todas las huellas que nos legó durante su fecunda vida. En sus dos periodos presidenciales tuvo la valentía de romper esquemas establecidos por esa época oscura de la república y no se amilanó de echarse encima a la clase dominante y pudiente de aquellos tiempos, la mano no le tembló para gobernar con firmeza y sabiduría a favor de las clases más populares de ese entonces.
Esto como era de esperarse le generó antipatía de los poderosos y sus amigos, quienes se atemorizaron al ver como poco a poco iban perdiendo sus grandes privilegios y este país pretendía convertirse, en uno más ecuánime y equitativo, en el cual la riqueza se repartía más igualitariamente entre todos. Se emprendía en obras destinadas a servir a las grandes masas y no solo a unos cuantos señoritos de gran poder económico.
Entonces empezaron a urdir estrategias para acabar con este estorbo a sus intereses de seguir dominando por mucho más tiempo al pueblo humilde de la patria, tuvieron la complicidad de gamonales y terratenientes e incluso de la iglesia, quienes se unieron como casi siempre ocurre a los grupos hegemónicos de principios de siglo pasado, y comenzaron a ejecutar su macabro plan de exterminio de Alfaro, ya que él quiso e hizo revolución y la revolución no fue bien vista ni entonces ni ahora, todo aquel que quiere hacerla termina casi siempre mal, y sino que lo digan Gandhi, Bolívar, y otros que buscaron transformaciones para sus pueblos. Todos ellos fueron olvidados y hasta traicionados. Bolívar murió tristemente abandonado en una isla de Colombia después de habernos regalado la libertad. Claro que, al decir que terminan mal no me estoy refiriendo en lo absoluto a sus ideales, sino a que son víctimas de la ingratitud humana que luego de que mueren valora y dimensiona la real magnitud de sus obras.
Esto ocurrió con Eloy Alfaro Delgado, que molestó con su visión futurista a la clase dominante al emprender una obra monumental para el Ecuador de ese tiempo “El Ferrocarril” como también les disgustó el laicismo en la educación y un verdadero ejército de profesores formados en los normales creados por él, seguramente les incomodó también la inclusión de la mujer en el campo laboral, además el perdón de las deudas a los campesinos e indígenas o la separación Estado-Iglesia consagrada en la Constitución, en fin existen tantos visos de la revolución Alfarista que me faltaría espacio en este comentario para mencionar todo lo que hizo por este país.
He creído oportuno recordar al general frente a la proximidad de los comicios en el que debemos elegir un gobierno progresista que no hipoteque los recursos, ni los intereses sociales de nuestra gente, sometiéndose a las condiciones de la banca de imperios extranjeros, demostrando que del general quedó su semilla
