Política o politiquería ¿cuál es la diferencia?

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

Desde hace algún tiempo se ha instalado en  nuestras cabezas una frase, de repente leída, de repente creada; en todo caso, una verdad indudable: “Lo urgente es el rostro visible de lo fundamental”. La idea es que la política nacional está dominada por las urgencias. Tapar huecos, apagar incendios, parecen ser las actividades que agotan la agenda de nuestras autoridades. No se quiere ver que los incendios y los huecos son síntomas de algo mucho más profundo y decisivo. En el fondo, de la falta de una autoridad legítima que pueda lograr y gestionar consensos, que instituya actos en los que la competencia política pueda fluir en forma transparente de acuerdo con las expectativas de la ciudadanía.

El umbral  de  la política es el proceso a través del cual una sociedad crea una capacidad de actuar con inteligencia sobre sí misma. Supone que mediante una discusión argumentativa se vislumbre un interés general, un diagnóstico de los problemas colectivos, una propuesta de cómo superarlos. Paralelamente, la política implica la institución de una red de organismos que puedan ir resolviendo los problemas sociales e individuales que requiere nuestro país. Entendiendo que, la política conlleva a la organización de voluntades colectivas, de actores políticos que representan la diversidad social. Organizaciones en las cuales los individuos se inscriben en función de procurarse el desarrollo personal que brota del servicio al interés colectivo, de no ser así, hablamos de politiquería.

Lo que puede llamarse politiquería corresponde al dominio de los intereses particulares no inscritos en una estrategia que los trascienda. El poder y la figuración son anhelos demasiado evidentes y humanos como para pretender ignorarlos. No obstante, estos deseos pueden encontrar amplio campo de realización en el terreno de la política, en el servicio de la ciudadanía, pero cuando estos deseos se desbocan surge la politiquería. La ambición personal y la de grupo se convierten en las causas efectivas del quehacer político, entonces la politiquería puede destruir la política y el estado.

Aunque pueda tomarlos como excusa, la politiquería no tiene nada que ver con los intereses generales. El fin de la politiquería es la ganancia personal por la vía de producir una apariencia de respetabilidad tras la que se esconden pasiones descontroladas. La voracidad por el dinero o el poder, o la envidia, el rencor y los celos, son los móviles verdaderos de la politiquería. De ahí nacen la intriga, la traición, la retórica vacía, la falta de lucidez, finalmente, el desgobierno.

Pero lo paradójico es que la politiquería, al socavar la política no hace más que destruir el único escenario donde esta puede ejercerse. La descomposición moral y política de un régimen no hace más que anunciar su caída. El predominio de la politiquería es el triunfo de la racionalidad ventajista de los individuos sobre la racionalidad colectiva de la sociedad.

 Resumiendo un poco podemos decir que la politiquería es el uso de la política para ganancia personal o de un grupo. Más “politiquería” no es “política”. Tiene que ver con el uso que le da cada ente, pero la definición de política no es politiquear. Se puede hacer política por un beneficio general (y de hecho hacemos política todos los días de nuestras vidas, por el simple hecho de ser seres sociables miembros de una comunidad) mientras esa sea la meta y no una ganancia personal o de un grupo particular.

Es importante razonar estos dos términos y saber diferenciarlos. Pues al confundirlos es cuando surge esa famosa frase que repiten varios ciudadanos de nuestro país, “A mí no me gusta la política”. Error, lo que no le gusta -y con razón-  es la politiquería, pero usted es parte de la sociedad y una muy importante: “la política conlleva la organización de voluntades colectivas, de actores políticos que representan la diversidad social. “

Usted representa parte de esa diversidad social de la que se habla en este artículo periodístico. Esa parte que cree en la política, en la buena política y no en la politiquería. “El predominio de la politiquería es el triunfo de la racionalidad ventajista de los individuos sobre la racionalidad colectiva de la sociedad.”

Así que piénselo dos veces, la próxima vez que diga.. “yo soy apolítico” o “no voy a votar porque no me gusta la política” o simplemente “no haré nada porque no es mi problema”, “esto es más de lo mismo”… Porque en ese momento está  dejando que gane el interés personal de los malos politiqueros. Su voto es decisivo, caminamos por un Ecuador digno o soberano o nos quedamos como estamos. Así sea.