Estados Unidos ha dado un giro drástico en su política comercial: mientras ofrece una «pausa» en los aranceles para varios países, ha decidido imponer una tarifa del 125% exclusivamente a China, convirtiéndola en prácticamente el único país del mundo que enfrenta un arancel superior al 10% por parte de Washington.
En la madrugada del 9 de abril, el gobierno de Donald Trump anunció una reducción generalizada de aranceles para más de 70 países —incluido Ecuador— que, según la Casa Blanca, solicitaron negociaciones. A estos socios se les aplicará un arancel universal del 10%. Horas antes, sin embargo, el propio Trump se refirió despectivamente a estos países, asegurando que “le besaban el trasero”.
China, el blanco principal
Mientras gran parte del mundo recibía alivios, China fue impactada con mayor fuerza. El arancel del 125% anunciado por Trump es una respuesta directa a las recientes represalias comerciales impuestas por Pekín. Irónicamente, minutos después del anuncio, Trump expresó su deseo de alcanzar acuerdos comerciales “justos” con China y otras naciones.
Antes del anuncio, China ya había presentado una queja formal ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), calificando las medidas estadounidenses como «imprudentes» y carentes de «reciprocidad».
Pekín responde: “Estados Unidos se está perjudicando a sí mismo”
La delegación china ante la OMC emitió un comunicado expresando su “grave preocupación y firme oposición” a lo que calificó como una escalada peligrosa. “Aunque China se opone a la guerra comercial, defenderá con firmeza sus intereses legítimos”, advirtió.

