Una mejor gobernabilidad: el anhelo de las mayorías

Numa P. Maldonado A.

En los últimos tres gobiernos, incluido el último de transición de Noboa, ha primado un clima de deplorable ingobernabilidad, producto de otra igualmente deplorable, insensata, ciega, mezquina y antipatriótica oposición de una clase política degenerada que parece que el fin ha topado fondo. Precisamente porque de tanto causarnos daño, de sembrar tanto odio entre hermanos y de amenazarnos en convertir el país en un Estado totalitario (un país inundado también por la “globalización de la indiferencia”, en las palabras del Venerable Papa Francisco), haya por fin dado visos de recuperar esa inercia y empezado a indignarse, exigir la resolución de problemas prioritarios y cambiar positivamente (madurar) .

Y el “reelecto” mandatario Daniel Noboa, antes de iniciar el mandato completo de cuatro años (2025-2029), haya comenzado a dar algunos importantes pasos para resolver acuciantes problemas del país, por ejemplo: robustecer las alianzas estratégicas (actual gira por Europa, Israel y países árabes), intercambio de experiencias en cuestiones de seguridad con el gobierno de Nayib Bukele (viaje a El Salvador de ministros y funcionarios de Defensa y Gobierno), gestiones para aprobar ciertas reformas laborales importantes, como las de prohibir el usual despido de empleados  de empresas privadas a los 19 años de trabajo, para evadir jubilaciones o recompensas legales de los subalternos, a favor de los empleadores…

Esta madurez, o insipiente madurez, significa que empecemos a usar responsablemente el gran derecho que nos asiste y nos hace libres, y siendo libres mejores ciudadanos, el derecho a discernir, a pensar con cabeza propia, en base a fuentes de información confiables … No como siempre, empujados por los falsos líderes,  que hábil y astutamente nos meten el cuento y llevan por el camino que más les conviene a sus oscuros intereses individuales o grupales. Y, en forma malvada nos convierten en seres humanos inservibles, siempre dependientes, casi esclavos o peor que ellos, sin aspiraciones de superación, peor de proyectos de vida que nos permitan disfrutar de buena salud integral y bienestar social.

Esta madurez que hemos demostrado en el último balotaje significa, situándonos en el plano real, que al actual gobierno, si pretende cumplir con sus mejores ofertas de campaña, necesita resolver un gran número de graves problemas.  Entre estos, a grandes rasgos se cuentan, entre otros,  varias reformas: política, económica, laboral, de seguridad, educativa, vinculada a la salud (desnutrición general y crónica infantil, con altos porcentajes de incidencia)…; ingentes gastos para mitigar los  estragos físicos y sociales causados por el crudo invierno antecedido por una implacable sequía;  los problemas estructurales de la generación energética y la seguridad social, vinculados a la corrupción, desde décadas atrás… Problemas de los cuales, nosotros los ciudadanos comunes o de a pie, también tenemos algo de culpa.

De ahí que, con una buena gobernabilidad, derivada de una oposición necesaria pero sensata, daremos un paso adelante: podríamos restablecer el estado democrático dirigido por una clase política renovada, honorable y eficaz, que nos encame al Bien Común.

Por eso auguremos un buen gobierno a los nuevos mandatarios. Con buenos colaboradores y aliados, y adecuadas decisiones; pero también con nuestra sana colaboración como buenos ciudadanos.