A propósito de la noticia de prensa que publicó el diario de los lojanos, Crónica, del día jueves 24 de abril del presente año: “Crueldad animal: en la provincia de Loja tres perros fueron ahorcados” 1 en Taquil y 2 en Saraguro, fueron sometidos a un atroz ahorcamiento hasta la muerte. Las indagaciones no dan resultados y hasta la fecha no hay culpables. Mientras tanto, el abandono sigue en ascenso, solo en el cantón Loja, el Centro Canino está a su máxima capacidad”…
Clara muestra que en la actualidad en la ciudad de Loja y provincia vivimos, de manera constante, en un clima de inseguridad e incertidumbre, la violencia se expresa de formas relacionadas entre sí. Diariamente nos vemos sacudidos por hechos dramáticos que debería preocuparnos y conmovernos por los hechos sucedidos.
El maltrato animal constituye, sin duda alguna, un ingrediente que predispone a la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia de la misma. Forma parte de la cascada de la violencia que nos va alcanzando a todos como individuos y como sociedad. La violencia es “un acto intencional que puede ser único o recurrente y cíclico, dirigido a dominar, controlar, agredir o lastimar a otros. Casi siempre es ejercida por las personas de mayor jerarquía, es decir, las que tienen el poder en una relación, pero también se puede ejercer sobre objetos, animales o contra sí mismo”. Señala, la mexicana Nelly Glatt psicoterapeuta.
La violencia inhibe el desarrollo de las personas y puede causar daños irreversibles, adopta diferentes formas de expresión que pueden variar desde una ofensa verbal hasta el homicidio. La crueldad es “una respuesta emocional de indiferencia o la obtención de placer en el sufrimiento o dolor de otros, o la acción que innecesariamente causa tal sufrimiento; ha sido considerada un disturbio sicológico. La crueldad de los niños, que incluye a los animales, es un signo clínico relacionado a desórdenes antisociales y de conducta”.
En las familias en las que hay violencia, ésta es más frecuentemente dirigida hacia los más débiles, lo que incluye ancianos, mujeres, niños y animales de compañía. El maltrato hacia los animales es tolerado por aquellos que lo observan; se minimizan sus causas y sus efectos, y los padres, maestros y comunidades que no dan importancia al abuso animal en realidad incuban una bomba de tiempo.
Debe hacerse énfasis en que la detección, prevención y tratamiento de la violencia hacia los animales es un acto de humanidad en sí mismo. Los animales son criaturas que se encuentran, en relación al ser humano, en un nivel de inferioridad dentro de la escala evolutiva; esto nos hace responsables de su bienestar, ya que tener supremacía lleva consigo una obligación, una responsabilidad, que es la de cumplir como guardián de las especies inferiores en términos intelectuales. Si realmente queremos combatir la violencia, una parte de nuestra lucha consiste también en erradicar el maltrato a otros seres vivos.
El segundo punto que queremos destacar es el que esta violencia hacia los animales nos puede servir como detector y señal de alerta hacia la violencia intrafamiliar, ya que la crueldad hacia los animales y la violencia humana tienen una relación directa. Debemos saber que los niños que maltratan a sus animales de compañía pueden ser testigos de actos crueles contra seres humanos o ellos mismos ser víctimas de abuso por alguien mayor y con más poder. Acusa la psicoterapeuta mexicana Nelly Glatt.
Según especialistas en la mente humana, esta conducta podría estar asociada a los impulsos hacia alguien o algo en particular, en el cual, se toma al animal como el objeto reemplazante. Mientras que los niños cuando ejercen algún tipo de violencia sobre los animales, es por la interacción que ellos perciben de los adultos con las mascotas. Es por ello, que aquellas personas que están más propensas a estos comportamientos, son vistas como individuos que podrían estar siendo víctimas situaciones de abusos, violencia familiar o negligencias.
Frente a esta realidad eduquemos y enseñemos que los animales también son seres que deben ser respetados y tratados como se trata a las personas. Actualmente, se ha conseguido que, en muchas ocasiones, el maltrato animal sea considerado un delito, pero aún nos queda muchísimo por recorrer. Evitar el maltrato hacia los animales está en nuestras manos, en las manos de la propia sociedad, aunque no seamos los culpables de forma directa podemos hacer mucho para reducir esta situación. Así sea.
