Al iniciar mi carrera de maestro, dos libros de Paulo Freire me motivaron y guiaron para ejercer la profesión: La educación como práctica de la libertad y Pedagogía del oprimido, aunque después hube de estudiar: Pedagogía de la esperanza, Pedagogía de la indignación, Pedagogía de la autonomía, Cartas a quien pretende enseñar, Hacia una pedagogía de la pregunta, Educación y cambio; y, por supuesto, La importancia del acto de leer.
El libro La educación como práctica de la libertad, sostiene que la pedagogía tradicional está basada en una educación bancaria, en un modelo que cree que el educador es el único poseedor de un conocimiento y que el educando lo recibe de manera pasiva y acrítica. En este paradigma el acto educativo es unidireccional, donde un educador sabio deposita sus saberes en un receptor ignorante. Esta es la educación antigua, la que transmite una realidad inobjetable, única posible, absoluta. Como alternativa, Freire plantea que la verdadera educación es liberadora y se caracteriza por su reciprocidad, presupone un sentimiento profundo del valor del otro y la fe en su capacidad de construir su propio destino.
Según el placer de la lectura, tres principios guían la pedagogía de Freire: 1) el diálogo, 2) la conciencia crítica y 3) una educación problemática. 1) El diálogo no como simple transmisión de conocimientos, sino como un intercambio genuino de ideas entre maestros y estudiantes. Con el diálogo se fomenta una relación horizontal donde ambos actores aprenden mutuamente. El diálogo permite a los estudiantes cuestionar realidades sociales y desarrollar un pensamiento crítico. Esto transforma al estudiante en un sujeto activo de su propio aprendizaje, alejándose del modelo tradicional donde el docente es visto como el único poseedor del conocimiento.
2) La Conciencia crítica tiene que ver con la capacidad de los individuos para analizar su realidad social, identificar injusticias y actuar para transformarlas. Solo con el desarrollo de esta conciencia se puede lograr una verdadera emancipación. Para fomentar esta conciencia es esencial que los educadores creen espacios donde los estudiantes puedan reflexionar sobre sus experiencias y contextos. 3) En la Educación problemática el aprendizaje se basa en problemas reales que afectan a los estudiantes y sus comunidades. Al abordar problemas concretos, los estudiantes relacionan lo aprendido con su vida diaria, lo que aumenta su motivación e interés por aprender. Además, este método promueve habilidades prácticas y críticas necesarias para enfrentar desafíos sociales.
En esencia La educación como práctica de la libertad sostiene que el objetivo final del proceso educativo no es solo adquirir conocimientos, sino desarrollar habilidades para cuestionar y transformar realidades opresivas. Enfatiza que la educación debe ser liberadora, debe permitir a los individuos tomar control sobre sus vidas y decisiones. En este sentido, el rol del educador no es imponer conocimientos, sino facilitar un ambiente donde los estudiantes puedan explorar ideas y construir su propio entendimiento del mundo.
