Intervención en el Monasterio de las Concepcionistas genera opiniones divididas

Inicialmente el plan contemplaba la construcción de 5 negocios, pero solamente fue aprobado para 2, mismo que propone la adaptación a un nuevo uso comercial y con accesibilidad por la calle Rocafuerte.

Una ola de criterios divididos ha generado la intervención al conjunto arquitectónico denominado Monasterio de las Madres Concepcionistas de Loja, luego de la habilitación de dos puertas que, en aproximadamente un mes, serán ocupadas por negocios comerciales.

Situación

Nilo Espinoza, administrador del museo de las Madres Concepcionistas, explicó a Diario Crónica que el “proyecto de conservación, consolidación y rehabilitación a nuevo uso en zona del Monasterio de Madres Concepcionistas de Loja” se originó en 2022, durante la anterior administración municipal. Según relató, el patio que se encuentra entre los muros del monasterio —y que era utilizado como gallinero— comenzó a humedecerse, lo que ponía en riesgo la estabilidad del muro.

“Las monjitas consultaron con técnicos, quienes sugirieron cubrir el área, pero también propusieron crear unos almacenes, idea que se consideró óptima y se puso en marcha”, comentó.

No obstante, el proyecto se paralizó por cerca de dos años. Al tratarse de un bien patrimonial, técnicos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) realizaron inspecciones. “Pidieron recomendaciones y se las ha cumplido. Lo fundamental nunca se destruyó porque nos ceñimos a la ley y a los criterios técnicos. Incluso cada semana venían técnicos del Municipio para verificar que todo esté en orden”, añadió.

Por su parte, Pablo Carrión, presidente de la Comisión del Centro Histórico de Loja del Concejo Cantonal de Loja, manifestó que desde que asumió el cargo se mantuvieron constantes comunicaciones para abordar este tema, dado que se trata de uno de los bienes patrimoniales más antiguos del país. Detalló que durante este proceso intervinieron tanto el Centro Histórico como el Instituto de Patrimonio. Sin embargo, fue recién en 2025 cuando la jefa del Centro Histórico intensificó sus acciones. “Tras completarse los estudios, se convocó a una sesión en la que, con dos votos a favor del Centro Histórico y del Departamento de Planificación, se aprobó la apertura de los vanos”, dijo.

En este sentido, Carrión indicó que su voto fue una abstención, ya que considera que la intervención va en contra de la historia de Loja.

Tras esta situación, Espinoza manifestó que “tras aprobarse el proyecto, la jefa del Centro Histórico y un delegado de la Comisaría de Ornato del Municipio de Loja nos entregó el permiso correspondiente. Desde entonces, fueron retomados los trabajos, se contrató obreros y se procedió con la apertura de las puertas”.

Con estos dos negocios que se van a abrir, la idea, a decir del administrador, es impulsar el turismo por lo que esperan que en un mes los trabajos culminen para que los locales, que ya tienen arrendatarios, empiecen a funcionar.

Por su parte, el presidente de la comisión acotó que, si se tratara de un tema económico, “el propio Municipio podría exonerar del pago de contribuciones, tributos y tasas a la congregación religiosa, por haber conservado el inmueble que ahora está siendo alterado”.

Trabajos

En cuanto al INPC, Diana Veintimilla, directora zonal de la institución, indicó que desde el inicio del proyecto las hermanas del monasterio accedieron a la asesoría técnica. Actualmente, aseguró que la intervención es controlada y que cuenta con el visto bueno del Municipio —entidad competente en este caso— y que todo se ha desarrollado con total normalidad.

Cronidato

El conjunto arquitectónico del Monasterio de las Madres Concepcionistas de Loja se ubica en las calles 10 de Agosto, José Joaquín de Olmedo y Vicente Rocafuerte, en la parroquia El Sagrario, cantón y provincia de Loja. Está conformado por tres crujías patrimoniales, dos capillas y dos bloques de construcción nueva, con un área del predio total de 8.846 m².

El Monasterio de las Madres Concepcionistas de Loja fue fundado en 1597, a solicitud de las hermanas Orozco y con el respaldo de monseñor Luis López de Solís, obispo de Quito. La fundación contó además con el auspicio de don Juan de Alderete, y se convirtió en el tercer edificio en ser construido en la ciudad.