
La elaboración de ollas de barro es un saber que Norma Lituma, oriunda del barrio Cera, en la parroquia Taquil, aprendió desde niña gracias a su madre. Con el tiempo, este conocimiento ancestral no solo se convirtió en una tradición familiar, sino también en una fuente de ingresos que le ha permitido sacar adelante a su hogar.
Emprendimiento
En diálogo con Diario Crónica, Norma recordó que empezó a familiarizarse con el barro cuando tenía apenas cinco años. “Jugaba haciendo muñequitos, pero ya a los siete u ocho mi mamá nos decía que teníamos que trabajar, no jugar, porque el material era caro. Desde entonces empecé a ayudar haciendo platos, y a los 13 ya moldeaba ollas de todo tamaño”, relató.
Al igual que ella lo aprendió de su madre y su abuela, ahora también lo transmite a su hija, quien, pese a estar estudiando, la apoya en el proceso, especialmente en el pulido y pintado de las piezas.
Pero no todo ha sido fácil ya que considera que el trabajo es minucioso y requiere de mucha paciencia. “Desde recolectar el barro, amasarlo, dar forma a las piezas, secarlas y cocerlas, hasta decorarlas cuidadosamente, todo toma tiempo, inversión y esfuerzo para lograr un acabado que conquiste a los clientes”, dijo.
Aun así, revela que este trabajo no siempre es valorado como debería ya que a veces, las personas le ofrecen precios muy bajos y, aunque le gustaría mantener el valor real de las creaciones, no le queda más que aceptar. “Es eso o no vender nada, y perder lo que invertimos para seguir trabajando”, comentó.
Pese a las dificultades, Norma se siente contenta porque, gracias a este oficio, ha podido cubrir muchas necesidades en su hogar. “Este emprendimiento ha sido de gran ayuda para que mi familia y yo podamos salir adelante y darles lo que les hace falta a mis hijos”, concluyó.
