Fabricio Oñate
¿Qué entiende usted por gracia? Según el diccionario, se denomina gracia al conjunto de cualidades por las que las personas o las cosas que las poseen resultan atractivas o agradables. Desde un punto de vista bíblico, gracia se define como un don, un regalo inmerecido dado por Dios a los hombres y es esa gracia la que nos permite alcanzar algo imposible de alcanzar por nosotros mismos: la salvación.
Al hablar de salvación se reconoce que el individuo; y por extensión la humanidad, vive en un estado de condenación, del que necesita ser redimido. El apóstol Pablo escribía: “En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna los aires, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza merecedores de la ira de Dios” (Efesios 2:1-3 NVI).
El estado natural de hombre es de muerte espiritual, dejándose llevar por sus delitos y pecados. La buena noticia es que no tiene que ser así por siempre ya que “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales” (Efesios 2:4-6 NVI). El Señor es rico en misericordia, en lugar de dejarnos morir por la eternidad nos dio vida, nos resucitó juntamente con Jesucristo y esto es un regalo inmerecido de Dios a nosotros.
“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte” (Efesios 2:8-9 NVI). No hicimos nada para merecer la salvación, es más, nada de lo que hubiésemos hecho hubiese sido suficiente para alcanzarla y todo es por su infinito amor. Para entender este maravilloso plan de Dios al igual que el apóstol Pablo pidamos que por fe Cristo habite en nuestros corazones. Y arraigados y cimentados en amor, podamos comprender, junto con todos los creyentes, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo. En fin, que conozcamos ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que ser llenos de la plenitud de Dios (Efesios 3: 17-19 NVI).
Ahora, los que por fe en Jesucristo hemos sido salvos, vivamos una vida que de testimonio del poder transformador de la gracia de Dios.
