Lágrimas en las rosas de mamá

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Es mayo, recorro el calendario con devoción, soy devota del amor más bello, que dio voz al corazón para hacer del día verso y del verso, claridad en la vida, hablo del “Día de la madre”. En este empeño de solemnidad, me he propuesto asir la memoria y recurrir a los días de jardines, con el amor más puro galopando mi pecho, ahora, ya sin dolor por la separación, veo más que el significado, la belleza.  

Madre, la utópica idea de volver a verte no se ha desvanecido, ya sin peso en el corazón, superado el tiempo de impotencia o las ansias justas por reclamar tu injusta muerte, por arrebatarle a la crueldad, su trofeo; reconozco que he arriesgado el pellejo, no puedo con el poderío de quien apagó tu vida por sus desproporcionados intereses, y los veo crecer, multiplicarse y van apareciendo en múltiples rostros y sitios, porque están en todas partes captando gente, e intentan arrebatarme hasta los sueños.

Por eso, querida madre he regresado a las dimensiones donde nunca podrán alcanzarme, a la dimensión del amor, allí donde todo es posible, y así, no importa que me vigilen día o noche, ni importa que espíen mis movimientos, no podrán imitarme, así copien mis técnicas o compren los premios, así usurpen los sitiales, o se alíen y confabulen para cerrarme las posibilidades, ni importa que digan que no doy frutos, como si yo fuera ellos. Por esto, vuelvo, siempre vuelvo a levantarme y, en estos días voy a ese lugar donde me enseñaste el amor, ese que ellos no verán jamás, pues les está negado, por los siglos de los siglos hasta las eternidades.

Hablo de esa dimensión donde las flores sienten mi sentimiento y los corazones no resisten y se enternecen; allí donde el sucre compraba algo más que golosinas, pues, yo lo hacía reserva, acumulando poco a poco el significado, como ese constante goteo de lluvia, transparencia de cosas simples que imperceptiblemente toman cuerpo en un poder inimaginable, y de pronto, son días épicos: poesía, cantos, recitaciones, paisajes como sabiduría, dibujos inspirados en tu azul, cielo o mar de tus silencios, o en el milagro sutil de las flores, que cultivabas y que mi impaciencia reprochaba diciendo: “pero allí no hay nada”. Cuánta razón había en tus miradas, que hacían antinomia con tus labios que alababan, que animaban, mostrando expresiones de creer en el misterio de lo grande, de lo eterno.

Es mayo, hay rosas en mi recibidor y los pétalos rojos van cayendo, poco a poco, sin perder suavidad; los crisantemos se cerraron; las siempre-vivas están erguidas, tensas, pero verdes y ostentan coronas blancas, sé que no declinarán en su gloria. No tengo más jardín, que esta vida que me diste, pero, en mi corazón resplandecen brotes de comprensión, lo digo sin dolor; sutilmente resbalan en la inclinación de este crecer, lágrimas por tus rosas, mamá.

Queridos lectores, dejo esta expresión y dimensión del significado del amor maternal invencible, poético; propicio para sentir en este mes de las madres.