Seguimos recordando al Papa Francisco

luis_pineda47@yahoo.es

El Papa tiene un papel central en la Iglesia Católica como guía espiritual, líder supremo y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Su función principal es preservar y enseñar la fe, interpretar el Evangelio y velar por la unidad de la Iglesia.

El papa representa un faro de orientación espiritual para más de 1.400 millones de católicos, una voz moral en el escenario internacional y, además, el jefe de Estado de uno de los territorios más singulares del mundo: la Ciudad del Vaticano.

Pero su labor no se limita al ámbito espiritual. El papa también actúa como un diplomático global. Recibe a líderes mundiales, media en situaciones de crisis, y pronuncia discursos ante organizaciones internacionales como la ONU.

Les presentamos la última carta del papa Francisco, podemos decir que es su testamento espiritual:

“Queridos hermanos y hermanas,

Si están leyendo esto, es porque ya me fui. Y antes de que la nostalgia les empañe los ojos, déjenme decirles algo con la voz del alma: no lloren por mí. Sigan haciendo lío.

No viví esta vida para que me recuerden por discursos o por fotografías. Lo único que deseé, lo único que quise con toda mi fragilidad, fue que volvamos a mirar a Jesús. Que salgamos a la calle con el Evangelio en los pies, con misericordia en las manos y con amor en el corazón.

Si alguna vez mis palabras les tocaron, no las guarden. Conviértanlas en acción. Abracen al que está solo. Perdonen a quien les hirió. Vuelvan a empezar cuantas veces haga falta. No esperen que el mundo cambie. Sean ustedes el comienzo.

A los jóvenes, mis queridos rebeldes del bien: no dejen que les roben la alegría ni la capacidad de asombrarse. El mundo necesita su pasión, su arte, su locura hermosa por lo justo.

A los abuelos y abuelas: gracias. Ustedes sostienen la historia con silencio y sabiduría. No dejen de contar sus historias. No se retiren del amor.

A los sacerdotes, a los obispos, a toda la Iglesia: no se conviertan en funcionarios de lo sagrado. Sean pastores. Con las manos sucias de servir y el corazón encendido de ternura.

Y a vos, que tal vez estás leyendo esto con dolor, con preguntas, con ganas de sentir algo más… te digo: Dios no se fue. Está con vos. Aunque lo sientas lejos, Él camina en tus pasos cansados.

Yo me voy en paz. No porque no haya dolor, sino porque confío. Confío en ustedes. En su compasión. En su alegría. En su fe, aunque sea chiquita como una semilla de mostaza.

Recen. Cuiden la Tierra. Defiendan la dignidad humana. Y cuando se reúnan a comer, dejen una silla libre. Que sea para el pobre. Que sea para Jesús.

No se olviden de rezar por mí. Yo estaré rezando por ustedes. Siempre.

Con amor de padre,

Francisco”