COSAS NUEVAS

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

El nombramiento del Papa León XIV ha suscitado muchas expectativas en los diversos ámbitos de la sociedad. El mundo mediático reproduce sus mensajes y comparte información relacionada con su vida. Las primeras palabras del sucesor de Pedro: “La paz esté con ustedes”, amplia el lema que escogió para su pontificado: “En el Uno, somos Uno”. Es una invitación a introducirnos en la espiritualidad de san Agustín que desarrolló una exposición fundamentada en el salmo 127 en el que explica que, aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno.

El Papa promueve la comunión, la participación y la misión en la Iglesia, pilares de la sinodalidad. San Pablo, en la primera carta a los Corintios, acentúa la importancia de la unión con el Cuerpo de Cristo. San Juan remarca el deseo de fortalecer la pertenencia en Cristo: «Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn. 17, 21-23). La Iglesia continúa con la tarea de anunciar la Buena Noticia, la palabra viva del Verbo que se hizo carne por nosotros. Todos estos criterios tienen su principio y fundamento en el mandamiento del amor. San Lucas narra en Hechos de los Apóstoles la tarea que desarrollan Pablo, Bernabé y los discipulos en tierra de paganos. Les exhortan a perseverar en la fe.

Dios, por medio de ellos, abre las puertas de la esperanza a los hombres que viven en la oscuridad. El autor del Apocalipsis, desterrado por anunciar el Evangelio, vive la experiencia del encuentro auténtico con Jesús. San Juan “ve un cielo nuevo y una tierra nueva”. Todo lo anterior, el primer cielo y la primera tierra han desaparecido y el mar ya no existe. La Iglesia, la nueva Jerusalén, desciende del cielo, donde está Dios que renueva una alianza con la humanidad. Lo antiguo terminó. El Señor asume el compromiso de recrear el mundo porque va a hacer nuevas todas las cosas. El Apocalipsis, himno a la esperanza, refuerza la alegría del amor del principio. Jesús, desde el trono de la gloria, vivirá con nosotros y para nosotros. Jesús, el Buen Pastor, guía a su Iglesia, la conduce por senderos tranquilos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Nuestra luz y nuestra paz. El texto del Evangelio de san Juan profundiza en una verdad, a partir de una convicción que cambió su existencia.

Aprendió a amar al Maestro. En el Cenáculo, Jesus distingue el sentido del amor oblativo, del amor interesado y malévolo como el de Judas. Prepara su partida. Entrega el testamento espiritual y eterno a sus once compañeros. Deja en claro que debe volver al Padre. El mandamiento del amor debe vivirse en clave testimonial. Pide unidad en el amor: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. El amor exige transparencia. “Por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discipulos”. La línea eclesial propuesta por el Pontífice actual marca un norte bien definido. La unidad de los cristianos será posible cuando logremos dejar de lado actitudes de indiferencia y de escaso compromiso fraterno.