Otro libro de Paulo Freire, en el campo educativo es Cartas a quien pretenden enseñar, dirigido a docentes de escuelas, no para acusarlos, sino para defender su identidad y legitimidad, no para lisonjearlos sino para desafiarlos, no para bajarles orientaciones sino para dialogar con ellos. Es decir, a educadores de niños que enseñan cada día en el aula. En el diálogo con ellos les habla sobre su compromiso histórico, su entrega, su vocación de servicio y su actuación ética en la docencia, pese a los salarios bajos, a su calidad de vida, a la valoración social, a las condiciones de enseñanza, a la carencia de medios tecnológicos, a pocas oportunidades de formación y profesionalización.
Freire, en esta obra nos expone sobre los aspectos más delicados de la práctica educativa, pero con firmeza y generosidad. Anima a que superen los tabúes que terminan produciendo profesores débiles y vacilantes, defiende la necesidad de una autoridad contraria a la arrogancia, otorgando confianza al maestro en sus propios saberes y convicciones y en su capacidad para vincularse con los alumnos y proponerles otros mundos posibles.
Además, enfoca realidades generalizadas de la educación a nivel mundial, como pauperización y proletarización de los maestros, nivel educativo precario de amplios sectores del magisterio, reducción de la matrícula y bajas expectativas educativas y motivación de los aspirantes al magisterio, ausentismo marcado, abandono de la profesión, creciente incorporación de maestros empíricos o legos, pérdida de identidad y legitimidad del oficio docente, falta de oportunidades de avance y superación personal; huelgas y paros cada vez más violentos, frecuentes y prolongados, falta de incremento salarial porque se cree que la labor del maestro no merece un sueldo digno.
Por otro lado, Freire enfatiza la necesidad de cultivar la imaginación que nos lleva a sueños posibles e imposibles. Es preciso estimular la fantasía de los alumnos, usarla en el ‘diseño’ de la escuela con la que ellos sueñan, porque la imaginación es un derecho a cultivarse, pensando en los proyectos, superando los obstáculos. Para concretar su fantasía, hay que luchar y soñar, creyendo que ella no es ejercicio de gente desconectada de la realidad, que vive en el aire, sino que imagina en alguna cosa porque le falta algo concreto. “Cuando el niño imagina una escuela alegre y libre es porque la suya le niega la libertad y la alegría”, dice Freire.
Diez cartas componen el libro, con temas permanentes y recurrentes como las diferencia entre enseñar y aprender, las fuentes de la inseguridad y el miedo, la opción por el magisterio, las cualidades del buen educador, el primer día de clases, las relaciones entre educadores y educandos, las diferencias entre hablar al educando y hablar con él, los vínculos entre entidad cultural y educación, así como entre contexto concreto y teórico y, la disciplina. Son cartas en las que el maestro Freire dialoga con otros maestros, directamente, con lenguaje similar a la carta, compartiendo sus experiencias personales, ilustrando a través de ellas el derecho que tiene todo maestro y maestra a ser falible y a equivocarse, a ser héroe y ser humano a la vez.
