Diego Lara León
Quienes nacimos en la década de los sesentas y ochentas pasamos una gran parte de nuestra vida con un solo Papa. Juan Pablo II fue el líder de la Iglesia Católica por 26 años y medio, el segundo papado más largo de la historia. Es por ello que, solo luego de haberse iniciado el siglo XXI, y tras la muerte de aquel querido pontífice, escuchamos el ahora famoso “habemus papam” y con ello, todo el protocolo que incluye: el cónclave en la Capilla Sixtina, la fumata negra y luego blanca saliendo por la chimenea instalada en el techo de la Capilla, la anunciación del nuevo Papa en el balcón y su presentación ante los miles de feligreses que esperan por el nuevo pontífice en la Plaza de San Pedro.
Para una buena parte de los de mi generación, Juan Pablo II fue un Papa muy querido, su visita al Ecuador fue todo un acontecimiento, me acuerdo como coleccionábamos los cromos del álbum del Papa que fue una de las estrategias comerciales de aquella recordada visita. Francisco también visitó Ecuador en el 2015.
Como les decía, recién en el 2005 vivimos el cambio de Papa. El cónclave de esa ocasión ya fue un acontecimiento mundial, aprovechando, la ya en ese tiempo, híper conectividad del mundo.
El Cardenal Ratzinger fue ungido como el sucesor de San Pedro y decidió que en su pontificado será llamado como Benedicto XVI. Ahí también aprendimos que los Papas desde hace muchos siglos cambian sus nombres propios por un nombre especial. Además, los pontífices escogen, en la mayoría de veces, ser llamados como un Papa anterior a él, a quien admiran y del cual deciden seguir sus principios, ideología y legado.
Hay dos versiones del por qué los Papas no deciden ser llamados por sus nombres propios. La una es que el propio Jesús de Nazareth, llamó Pedro a Simón y le encargó construir la iglesia de Dios. Pedro fue el primer Papa de la historia. La otra versión habla de que el Papa Juan II, originalmente se llamaba Mercurio, pero consideró que su nombre real era muy pagano y no adecuado para quien lidera la iglesia de Dios. A partir de ahí todos los Papas escogen un nombre para su pontificado.
En la historia de la Iglesia, ha habido 23 Juanes, 16 Gregorios, 16 Benedictos, 14 Clementes, 14 Leones, pero también han existido: Píos, Inocencios, Esteban, Urbanos, Alejandros, Adrianos, Pablos, solo ha existido un nombre compuesto Juan Pablo tomados por dos Papas y solo un Francisco.
Justamente la elección del Papa Francisco fue especial, fue transmitido como la final de un mundial. Lo sentimos cercano porque fue el primer Papa de este lado del mundo, hablaba nuestro idioma, “era argentino viste” y era un tipo cercano a la gente.
Al fallecer Francisco el 21 de abril de 2025, el mundo se preparó para otro “espectáculo global”. La producción informativa del “habemus papam” empezó a diseñarse.
Millones de personas centraron su atención al momento que el humo blanco empiece a salir por la chimenea. Era el 8 de mayo del 2025 y a las 11:07 de aquel día, millones de seres humanos dispersos por todo el mundo, entre lo que yo me incluyo, distrajimos nuestra atención de las actividades cotidianas para esperar el nombre de pila y el nombre de Papa, del nuevo líder de la Iglesia Católica.
Mi hija envió un mensaje al grupo de whattsapp de la familia que decía: “acaba de salir humo blanco, habemus papam”. Minutos después escuchamos que el nuevo Papa era un Cardenal de apellido Prevost, nacido en Chicago. Sin embargo, unos minutos después recibí un mensaje especial de un querido amigo chiclayano. Su mensaje (por favor pronúncienlo con acento peruano) decía: “Diego, ¿recuerdas cuando hemos estado en la inauguración del Diplomado en Gestión de Empresas en Chiclayo? El Obispo que ha estado sentado junto a nosotros, él es nuevo Papa, Monseñor Roberto, es León 14”.
En el 2019, la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo, me invitó a ser profesor de un diplomado en Gestión de Empresas. Estuve en Chiclayo para la inauguración del curso y para impartir el seminario respectivo. Tal cual me lo recordó aquel amigo, coincidí con un afable Obispo, de buena conversación, un “gringo” que hablaba perfecto peruano (no habla español, habla peruano) y con quien creo intercambiamos alguna pequeña charla.
Dudo que le haya pedido su bendición, “qué iras”, hubiera tenido la bendición papal.
Una vez conocido que León 14 es peruano de corazón, escribí a felicitar a todo cuanto amigo peruano tengo.
León 14 en su primer discurso habló de buscar la paz, de una iglesia unida y cercana al pueblo.
Que sea largo y cercano su pontificado.
Ojalá pasen muchos años, antes que el mundo nuevamente escuche un ¡Habemus papam!
@dflara
