Dos hombres por el camino de la humildad

POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAÑO

Hace pocos días en dos localidades distintas del mundo, fallecían en fechas diferentes pero cercanas entre sí, dos hombres separados de forma abismal en sus creencias, pero con un estilo de vida bastante común marcado por la sencillez de su accionar. El uno exsoberano de la ciudad del Vaticano, el otro expresidente del Uruguay, Jorge Mario Bergoglio y José Mujica respectivamente. Estaban divididos ideológicamente el primero, era el líder de más de mil millones de católicos en todo el mundo, mientras que Mujica era un ateo confeso que afirmaba que éramos producto de una aventura molecular, aunque decía que le gustaría estar equivocado.

Estas diferencias de concebir la vida, no disminuyeron su extraordinaria calidad humanista, por eso a su partida ambos nos dejan un gran legado digno de emularse, poniendo de manifiesto los dos una enorme dosis de sencillez que nos demuestran y nos exhortan con la poderosa fuerza del ejemplo, a trabajar desde donde estemos para mejorar la sociedad en que actuamos y en la que nos desenvolvemos con actos simples pero fecundos, que sin lugar a dudas calan mucho más en la conciencia colectiva de los pueblos, que aquellos que se realizan de manera rimbombante rodeados de una parafernalia descomunal, con un inmenso afán de figurar usando todos los recursos a su alcance

En cambio, estos dos hombres, el papa Francisco y Pepe Mujica derrochaban humildad y sencillez sin necesidad de poses artificiales, sino de esas que fluyen del corazón y se expande de forma natural hacia los demás, es por eso que sus palabras generaron tanta simpatía entre la gente, porque se notaban que eran sinceras, porque además se traducían en testimonios de vida consagrada en el caso de Francisco y comunitaria en el caso de José, los dos con un norte preciso de servicio a los otros inquebrantable

Francisco renunciando voluntariamente a los lujos que su calidad de pontífice le ofrecía y abriendo las puertas de la iglesia a todos los que la sociedad desechaba, mientras que José, estando preso 15 años por luchar contra una dictadura militar de su país una vez en el poder, no lo usó para perseguir a los que le hicieron daño, como lo harían muchos, ni tampoco manipuló ninguna ley que le hubiera permitido perpetuarse en la presidencia, fiel a sus principios culminado su periodo, se retiró a su chacra a morar con su Lucía de tantas luchas y sueños compartidos, en un amor que superó tiempo y barrotes para volver a estar juntos.

Pepe donaba el noventa por ciento de su sueldo para obras benéficas, Francisco fue sepultado con sus mocasines ortopédicos de siempre, mientras Pepe seguramente ahora abona un árbol junto a su perra Manuela en el patio de su casa, como fu su deseo. Se han ido dos grandes hombres que estoy convencido descansan en paz, nos dejan un legado de humildad que ojalá sepamos imitar