El reino de mis sueños

Juan Luna

Quilanga, 29 de mayo 2025

En un rincón del universo se asienta el primer piso del cielo, reino adornado por un jardín, cuyo gobernador es el enigmático Rey D’luna. En paradisíaco lugar de noches estrelladas y de encantos naturales los sueños no se sueñan, se viven.

Todo es extraño nacido del surrealismo de la imaginación en donde las leyes de la física y de la muerte no existen, porque allí la vida emerge victoriosa, pues sus cálidos y cristalinos ríos llevan en sus arterías susurros que alimentan el alma y de sus cálidas aguas un abrazo que acaricia el alma y en la sombra de sus árboles muestran recuerdos de un ayer que no fue. En ese reino la lógica racional no tiene espacio, simplemente suceden de manera insólita

Aquí, en el primer piso del cielo, entre el aroma y el sabor del café, están las bendecidas jovencitas cuyo don especial las vuelven únicas. Pueden tejer constelaciones con sus agrietados dedos y recrear mapas estelares para guiar las almas perdidas. A esas mujeres las conocí en un día de sol radiante y una noche de luna llena, quienes, entre los minutos y horas que transcurrían en el día y las altas horas de la noche tejían y desentrañaban el firmamento, no le temían a nada, pues los ángeles iluminaban sus días y sus noches.

Siempre entre curiosas y juiciosas el resplandor en ellas no tiene ocaso.  El acompaño, mientras el guardián de los cerros, El Chiro, vigila, de pronto, una de ellas se atreve a subir para llegar a sus cuevas, más se encuentra con una serie de espejos que son el reflejo de los miedos, lentamente camina sin mirar y no dejarse mirar, pues busca el tesoro de cristal que pulula, cual corazón vivo en el reino D’Luna.

Al topar el tesoro de cristal la enigmática mujer, Urania, de celestes vestidos en cuyos brillos la luna se opacaba, descubre que el reino del primer piso del cielo, no es un simple reino, es un pedacito de cielo y cuyo rey D’Luna   era un soñador atrapado, que creaba sueños de libertad, de progreso de felicidad.

Mientras se procesa dicha revelación, de la nada y entre las sombras emerge un ser extraño, cuya rostro era imposible de descifrar por lo desconfigurado, caminaba y en cada paso dejaba fuego, su alimento era la envidia, el mal, pero, cayó rendida ante la habilidad y luz de Urania, en cuyos agrietados dedos tejió esperanzas, paz y libertad.

Superado el peligro, se dirige al trono flotante del Rey D’Luna y lo cubre con una constelación con la verdad de su existencia. La luz de la constelación despertó al rey, sus ojos se abrieron de par en par con un brillo sin igual. La conexión se rompió y el rey, por fin, despertó.

El despertar del rey movilizó todo, sus calles, sus ríos, sus árboles. Empezó a labrarse un nuevo destino en donde la realidad y los sueños pudieran coexistir, es entonces, que los habitantes liberados de sus pesadillas de la envidia y del mal sembrado empezaron a encontrar nuevas formas de vivir y de soñar y llegaron a hacer de este reino un mundo de posibilidades infinitas moldeadas con la voluntad de sus habitantes.

Con el paso de los años me encuentro en este lugar, aunque, siempre pienso que mi estancia es temporal, mis propios sueños y realidades me traen de vuelta a este paraíso terrenal, siento nostalgia, pero me llena de esperanza la magia de su sonrisa que, entre luces y sombras hay que proclamarlo PUEBLO MÁGICO.