Hernán Yaguana Romero
Latinoamérica avanza en el camino de la Inteligencia Artificial, pero no todos los países marchan al mismo ritmo. Algunos, como Brasil, Chile, Uruguay y México, ya han asumido el liderazgo como creadores o implementadores activos de soluciones basadas en IA. Otros, como Ecuador, aún se ubican en posiciones intermedias o de rezago, oscilando entre la curiosidad y la expectativa, sin una política nacional clara que oriente su desarrollo tecnológico.
Recientes informes sobre adopción de IA en América Latina –entre ellos el «Latin America AI Index» y estudios de organismos como CAF o UNESCO– han comenzado a clasificar a los países según su nivel de avance. Se habla de “creadores” cuando existe un ecosistema sólido de innovación tecnológica; de “implementadores” cuando se incorporan herramientas desarrolladas por terceros; de “exploradores” cuando hay experiencias aisladas sin articulación sistémica; y de “rezagados” cuando la IA aún no forma parte de la agenda pública. Ecuador, según la mayoría de estas fuentes, se encuentra entre los exploradores, con focos académicos y privados que impulsan la IA, pero sin una visión nacional integrada.
A pesar de ello, el país no carece de talento ni de iniciativas. Universidades como la ESPOL, la PUCE o la UTPL desarrollan líneas de investigación en IA; emprendedores trabajan en aplicaciones para salud, agricultura y educación; y algunos sectores industriales ya exploran automatización inteligente. Pero estas acciones aún son aisladas y carecen del respaldo necesario para escalar o consolidarse en políticas públicas, incentivos o inversiones a gran escala.
La consecuencia de esta falta de articulación puede ser crítica. Mientras otros países desarrollan marcos éticos, estrategias nacionales y alianzas internacionales, Ecuador corre el riesgo de quedarse como mero consumidor de tecnología, sin capacidad para influir en su diseño, regulación ni uso. Esto profundiza la dependencia tecnológica y limita las oportunidades para que el país se inserte con protagonismo en la economía digital.
El momento para definir una hoja de ruta nacional sobre IA es ahora. Se requiere un trabajo coordinado entre gobierno, academia, empresas y sociedad civil para avanzar hacia una alfabetización tecnológica amplia, inversión en infraestructura digital, formación de talento y construcción de una política pública inclusiva. Ecuador puede y debe pasar de la exploración a la creación.
La Inteligencia Artificial no esperará a quienes se tomen demasiado tiempo. En el nuevo orden global, quedarse atrás es más que un problema técnico: es una pérdida estratégica.
