Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Cada diez años aproximadamente recibiremos tratamiento de renovación que no solo curará enfermedades, sino que también regenerará tejidos deteriorados y rejuvenecerá manos, ojos y cerebro, con nuevos medicamentos, para doblar la esperanza de vida y no como lo dicta el matrimonio “hasta que la muerte los separe”.
El físico Max Planck en una famosa frase dijo “que la ciencia avanza funeral a funeral”, lo que quería decir es que únicamente cuando una generación expira, tienen las nuevas teorías una oportunidad de erradicar las antiguas; la vida se ha multiplicado por dos en los últimos cien años; es lógico concluir que podemos doblar hasta los ciento cincuenta años en el presente siglo; en 1900 la esperanza de vida global no superaba los cuarenta años en razón de la desnutrición, las enfermedades infecciosas y la violencia, y los que lograban librarse de la peste, de la hambruna y la guerra, podían vivir hasta los sesenta y los ochenta, que es el periodo de vida normal del Homo Sapiens; sin embargo en el siglo anterior Galileo Galilei murió a los sesenta y siete años, Isaac Newton a los ochenta y cuatro y Miguel Ángel a los ochenta y ocho, sin la ayuda de antibióticos, vacuna ni trasplanté de órganos.
La medicina moderna no ha logrado la prolongación y la duración natural de nuestra vida en un solo año, el logro ha sido la salvación de la muerte prematura; para vivir ciento cincuenta por no hablar los quinientos años de vida, la medicina necesitara rediseñar las estructuras y procesos más fundamentales del cuerpo humano, y descubrir como regenerar órganos y tejidos, con esfuerzos aún mayores, con descubrimientos importantes sobre; biología celular, medicamentos genéticos y salud humana; ¿puede alguien imaginar un reto científico más apasionante que burlar la muerte, o un mercado más prometedor que el de la eterna juventud?; las personas quieren vivir para siempre, y componen una “sinfonía inmortal”, se esfuerzan por conseguir la “Gloria eterna” incluso sacrifican su vida para que su alma “goce de felicidad eterna en el paraíso”
Seguramente el segundo y gran proyecto de la agenda humana será encontrar la clave de la felicidad; en la antigua Grecia el filósofo Epicuro afirmo que adorar a los dioses es una pérdida de tiempo, que no hay existencia después de la muerte y que la felicidad es el único propósito de la vida; el escepticismo acerca de la vida después de la muerte impulsa a la humanidad no solo a buscar la inestabilidad, sino también la felicidad terrenal porque nadie querría vivir eternamente en la desgracia; para Epicuro la búsqueda de la felicidad era un objetivo personal, los pensadores modernos es verla como un proyecto colectivo.
En el siglo XIX y XX, los países medían su éxito por el tamaño de su territorio, el crecimiento de su población y el aumento de su PIB, no por la felicidad de sus ciudadanos; las escuelas se fundaron para producir ciudadanos hábiles y obedientes que le sirvieran lealmente a la nación; en sanidad, Francia, Alemania y Japón empezaron a proporcionar asistencia sanitaria gratuita a las masas, con la finalidad de tener una nación más fuerte y no una nación más feliz, requerían soldados más fornidos, mujeres sanas que pudieran dar a luz a más soldados y obreros y burócratas más eficientes.
