Diego Lara León
Varias veces en este espacio he analizado el riesgo. El riesgo es sin duda, inminente al ser humano, cualquier actividad humana por más pequeña que sea, conlleva un riesgo. Si tomo una ducha habrá riesgo de resbalarme, si conduzco al trabajo habrá riesgo de chocar, si invierto en un nuevo negocio habrá riesgo de fracaso. Pero, ¿por miedo al fracaso debo dejar de arriesgar?
Solo hay una forma de no tener riesgo, esa es hacer nada.
Hace pocos días en un avión, mientras viajaba, escuché un podcast que más o menos decía así:
El mayor riesgo que enfrenta el ser humano es a equivocarse, para comprobarlo te pido que recuerdes la última vez que discutiste con alguien, que estabas tan seguro que tenías toda la razón, que seguramente te apoyaste en tus creencias, tus experiencias y hasta en tus emociones. Pero, ¿te paraste a considerar algo? ¿Y si estabas equivocado y tu orgullo no te dejó verlo?
La mayoría de veces no buscamos la verdad, buscamos ganar, preferimos tener razón antes que escuchar. Pero ahora te hago la pregunta que nadie se atreve a hacerte. ¿Cuántas veces te has dado cuenta que estabas equivocado, después de haber arruinado algo?
La próxima vez que discutas o afirmes algo, pregúntate esto: ¿Quiero tener razón o quiero tener la verdad? Si no puedes responder ahora, ya tienes una respuesta.”
Volviendo al riesgo, que es inminente a la vida, hay que tener claro que “si no arriesgas no cruzas el río”, pero también debes estar consciente que “no se mide la profundidad de un río con ambos pies”.
Procura controlar el riesgo, no que la incertidumbre te controle a ti. Esa frase es casi un axioma en el mundo de los negocios. Quienes tienes éxito son los que logran convertir la incertidumbre en riesgo.
El mejor concepto de riesgo que he leído, paradójicamente es una metáfora:
“Un pájaro sentado en una rama, nunca tiene miedo que la rama se rompa porque su confianza no está en la rama, su confianza está en sus alas.
Tu eres el pájaro, la vida es la rama. No desperdicies tu vida entera analizando cual es lugar más seguro para aterrizar, no existe el lugar perfecto para hacerlo.
La vida es movimiento, es cambio constante, piénsalo, cuantas oportunidades has dejado pasar buscando el momento perfecto, la verdad es que no existe la seguridad absoluta, cada decisión conlleva un riesgo, pero también una oportunidad. Tu fuerza no está en encontrar la rama perfecta, sino en confiar en tus alas, en tu capacidad de adaptarte.
Toma decisiones, atrévete a saltar, disfruta la vista mientras estés allí, absorbe cada experiencia, cada lección y confía, confía profundamente en que podrás moverte cuando llegue el momento de hacerlo”,
Muévete con racionalidad, considerando el riesgo, entendiendo el entorno y midiendo las consecuencias.
Alguna vez mientras impartía una charla sobre motivación y riesgo empresarial, puse como tarea a los colaboradores de aquella empresa explicar el riesgo, sin usar la palabra riesgo y con palabras sencillas.
La frase que ganó de lejos la escribió el jardinero de la empresa, este buen hombre escribió: “No enciendan muchas velas que quemen al santo, ni tan pocas que no lo alumbren”.
@dflara
