Dejemos de echar gasolina sobre el fuego

luis_pineda47@yahoo.es

En tiempo de crisis, la mayoría de personas buscamos a los culpables y les responsabilizamos todas los problemas. Además, siempre pedimos que ellos cambien y todo saldrá bien. Sin embargo, el asunto es al revés. Si queremos que cambie la realidad, de verdad, los primeros que debemos cambiar somos cada uno de nosotros. Luego, tendremos la autoridad moral para exigir que los cambien los demás.

Nos parece oportuno aplicar estas ideas a la realidad del mundo actual y del Ecuador y de la provincia de Loja, en particular. Para profundizar en los temas propuestos, el artículo “Dejemos de echar gasolina sobre el fuego” del padre Pedro Pierre, nos puede ayudar:

“La situación mundial es bastante desesperanzadora, y en Ecuador igual. La razón principal es que estamos en una organización económica y política que permite a los ricos apoderarse de más bienes, riquezas y poder como nunca antes. Eso se da a costa de los pobres de todos los países y los pueblos de todos los continentes.  Los países ricos, principalmente Estados Unidos y Europa, están decididos a conservar su hegemonía mediante las guerras. En Ecuador, la clase rica está dispuesta a lo mismo mediante el actual presidente y gracias a él.

Estados Unidos está en decrecimiento económico y con bastante desorden social al interior de sus fronteras. Europa ha perdido humanidad y competitividad, ya que cierra sus fronteras y sus antiguas colonias no soportan más su saqueo ni sus intromisiones políticas. La guerra de Ucrania ha sido provocada por la OTAN (Organización del Tratado militar del Atlántico Norte), o sea por Estados Unidos y Europa. El genocidio en Palestina no es que un pretexto de Estados Unidos y Europa para controlar el petróleo y el gas del Medio Oriente.

El partido del gobierno del Ecuador tuvo que recurrir al fraude para ganar la presidencia, cooptar los medios de comunicación para engañar y manipular la población. Los ricos, con los gobiernos de Moreno, Lasso y Noboa pactaron con la delincuencia organizada y los carteles de la droga para aumentar sus ganancias, permitir el lavado de dinero en los bancos y su traslado a los paraísos fiscales, sobornar la justicia y la controlaría del Estado, dominar las cúpulas de la Policía y del Ejercito. Ahora estamos en la entrega del país a las multinacionales del petróleo y de la minería, de las cuales los mismos ricos ecuatorianos son socios. Desde 8 años se ha dado la persecución sistemática tanto al partido de la Revolución Ciudadana de la cual el vicepresidente Jorge Glas es el ejemplo más perverso, como a la oposición mediática alternativa.

Asistimos al colapso del sistema capitalista. Prefieren la muerte de millones de personas y la destrucción implacable de la naturaleza. De hecho, todas estas guerras no son más que distintas maneras de acorralar China que, en 80 años de revolución socialista, ha logrado sacar 400 millones de personas de la miseria y pasar a ser la primera potencia mundial comercial.

La solución de nuestros problemas comienza en casa, o sea, en nuestras familias y en nuestros países. El desafío es grande y urgente si no queremos hundirnos más en la violencia y la muerte seguras. Con lamentaciones y oraciones seguimos echando gasolina sobre el fuego, por nuestra complicidad con lo que nos está pasando. Cada uno de nosotros, Ecuador y América Latina unida tenemos las capacidades suficientes de descartar definitivamente el capitalismo —es decir, la acumulación individualista, la indiferencia ciudadana y la pasividad enfermiza— para emprender un nuevo camino de compartir iniciativas, asumir las cosmovisiones tanto indígenas del Bien Vivir y Convivir como negras del Ubuntu: “No puedo ser yo sin que seas tú y que juntos seamos nosotros”. Tenemos que construir junto un ‘ecosocialismo del Bien Vivir’ que respete las personas, escuche la naturaleza y promueva los Pueblos.”