Narrativas visuales de Roberto González

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Desde hace más de una década miro con atención las narrativas visuales de Roberto González, a quien conocí en un curso de fotografía organizado por el doctor Hernán Garrido (también dedicado a la fotografía artística) y, luego coincidimos en un Club de fotografía, que vino en ese cauce.  Así es que, he visto con ojos admirados los desbordes de arte que Roberto González (ROGO, como firma en sus obras) ha hecho de forma discreta, pero audaz; con precisión, aunque cautelosamente.

Ser artista de la luz es una tarea que, según mi mirada, de por sí desborda el arte, pues en la labor artística de la plástica convencional se trabaja con materiales tangibles como pinturas, tierra, telas, fibras, lienzos y más, y claro con la mirada del artista. Hablo de la plástica, pues trata con un producto final, al igual que la fotografía, la imagen, pero, en este caso, como artista propiamente de luz, pues, el principal material con el que cuenta, es ese, luz y su mirada.  

Para comprender las “Narrativas visuales de Roberto González” voy a contarles algo que no se ha visto, pues, este artista es cada vez más notorio, irrumpió este jardín de los días con explosiones de imagen y color sin precedentes, sus obras sui géneris van más allá de la aparente forma, muestran sincronías, detallan la magia del arte.  Resulta por demás evidente en la fotografía de Roberto, la reincidente captura de la inspiración, que es invisible al ojo humano, pero que da belleza a las cosas.  Su técnica de fotografía en movimiento es única, quizá por esto, sus obras son irrepetibles. Sin embargo, su arte no aparece solamente en imágenes en movimiento, las capturas de la naturaleza hablan un lenguaje no codificado por el humano, su código transciende los sentidos físicos y creo con más o menos certeza que, se trata de un código del alma.

Por ese misterio de las cosas, justamente (como palabra justa), debo decir, más allá de la técnica es su mirada de artista que ha establecido una conexión única, pues la mirada normal de un fotógrafo convencional captura lo externo, mas, en este caso, la mirada del artista es la de un poeta, un poeta visual.  Así ROGO realiza lo inigualable, tal como esas en las que captura a los artistas en escenario, en sus momentos de explosión y desborde, hablo de aquel hipérbaton lógico de los instantes, para mostrarnos las capturas de luz más inesperadas, desvelando la belleza en su máxima expresión.  

Sus obras fotográficas son magia que no proviene del uso de los materiales, que no se deriva de una técnica manual, ni destrezas con la cámara fotográfica. Se trata de conexión que trasciende el uso de los sentidos físicos más usualmente familiarizados con el humano y que los desborda, lo visual ya no es solamente visual sino sensorial, y al fotografiar podría el artista llegar a oír los latidos de la escena.  

Al describir esta apreciación, reitero con mi alma de poeta esta impresión que siento, impresión de hipérbaton en la obra de Roberto González, de muchas formas, cambiando el orden de las funciones fisiológicas más convencionales al artista, partiendo de la creencia de que debería primar su visión, pues, mi hipótesis es que, el secreto de su arte radica en conexión, pura conexión, y que lo hace igual que nosotros, los poetas, con el corazón.  De esta manera, mientras es capturada la belleza en su visión artística, la sincronía es atrapada y conectada en el misterio del alma, y se realiza como vida que es.  Quiero decir que, con ese desborde lo invisible se vuelve visible, sin más rodeos.

Para conseguir esa magistral conexión, el artista es artista desde el alma, su sensibilidad lo ha coronado y los resultados son evidentes, como un astro que brilla a pesar del dedo que intenta taparlo; por esto, concluyo que las “Narrativas visuales de Roberto González (ROGO)” expresan sensibilidades de un poeta visual y artista de luz.  Veo oportuno hablar de su arte, al saber que apoya a las “Narrativas visuales de la cuenca Mayo-Chinchipe”, como muestra fotográfica que lleva las voces y miradas de las comunidades de Palanda y Chinchipe para proteger los ríos y promover prácticas sostenibles, a propósito de conservar la Cuenca binacional Mayo-Chinchipe, que nace en el sur del Ecuador, en la provincia de Zamora Chinchipe, extendiéndose hacia la provincias transfronterizas de San Ignacio y Jaén, en el departamento de Cajamarca, al norte del Perú. Por un mundo con más artistas como ROGO, conectados con la realidad. Felicitaciones.