Por: Sandra Beatriz Ludeña
Loja es ciudad de la vivencia, discurren tiempos lojanos. Hablo de andar los días, sin esconder esta sensación de alma encendida. Sea en verano o en invierno, tanto, si es de día o es de noche, ir por el mundo portando un “Alma lojana” es cosa seria, no es para presumir, ni es atributo al cual recurrir como accesorio de festividad, para pasada la algarabía, retirarlo; no, claro que no. Difícil de describir el sentido de vivir con lojanidad en el alma, sin oposición al legado ancestral, por eso, hay que explicarlo, aquí lo intento.
Por esta alma lojana se piensa en los otros, para dar lo mejor. Por esta alma tan curtida en atenciones, al visitante se le da lo mejor, con sonrisa en la cara y en la cara el gesto sincero. Por esta alma lojana andamos amables contra viento o llovizna, aunque luego de la sonrisa, o de la cazuela, la dentadura exangüe descanse en el vaso de agua del buen lojano.
Con esta alma lojana que no se olvida, el prójimo es querido, igual que nos quieren, por esto, la costumbre no arroja la piedra y esconde la mano, mas, sí arroja la mano en flor para confinar la piedra donde nunca golpeé; nada de ilusas colecciones de papelitos en cajetilla de cigarro, nada de calumnias con oropeles falsos; un lojano no usa caramelos, ni tira-jebe para derribar indefensas aves, estamos para cuidar y así somos cuidados. No desdecimos nuestra calidad de buen lojano, por esto, somos buenos vecinos y anfitriones, somos buenos amigos, buenos familiares, y claro, buenos ciudadanos.
Los lojanos de las buenas causas guardamos un corazón leal, no buscamos cortar la melena al Sansón que está de espaldas o en posiciones desfavorables, ni hacemos leña para nuestra hoguera de los desgarros del próximo; somos gente solidaria. Y en la lojanidad tenemos sentido de comunidad, no esperamos solo del otro, hacemos nuestra parte, buscamos cómo decir, cómo hacer, cómo resolver, pero nunca con la cascarita para que el prójimo resbale, menos entre colmillos, ni con la carcajada anhelante, que espera la segura caída del que ingenuamente pisa la trampa.
Esta alma lojana es tan amable, que le da permiso a la hormiga del pasto, diciéndole, transita tú, el universo alcanza para todos. Y es tan natural esta alma así de vibrante, que no hay envidia, la pugna no hizo nido entre nosotros. No competimos, ni deseamos lo del otro; nos sabemos valiosos por esencia, con alma lojana, participantes de una cultura romántica (ciertamente), que resalta los sauces llorones y el río Zamora. Llevamos en el paladar el maní tostado, aroma a café dorado, o dulzor de bocadillos recién fraguados. No nos resistimos al sango con huevo frito (eso sí, huevo de gallina consorte), y nos encantan las melcochadas, las barras de guayaba conservada, y buscamos en tiendas las gustosas “cacas de perro”, “manís enconfitados”, y “chifles de papa, plátano o guineo”; estas son cosas con alma lojana.
Y nos deleitamos con pasillos tristes, con esa melodía que a la vez es himno, como “Alma Lojana”. No falta quien invoque a la “Pequeña Ciudadana” de Alejandro Carrión y Segundo Cueva Celi, por esto, de pequeños en altura, pero también, grandes en alma. Somos expertos en armar festivales, andamos con la “alforjita” de colores, para allí cargar los sueños y las cosas dulces. Somos gente descomplicada, no copiamos, nos gusta lo que tiene nuestro sello propio, con “alma lojana”.
Hemos comprendido el valor de la retórica, por esto, repetimos, repetimos hasta que se levante el genio de la tradición lojana, desde allí, nuestra literatura es única, las artes tienen su valor plenamente lojano, así somos seguidores de “La Churonita”, “San Chabaco”, “la Pasión de Cristo en el Valle”, y desde luego, infaltablemente, vivimos los raymis como expresiones culturales a flor de piel. No repetimos la antítesis de lojanidad.
Por esto, si nos acusan de ser “lojano come lojano” es pura coincidencia. No encarnamos la “Pasión de Cristo” con los lojanos, ni soltamos látigo sobre su espalda; al contrario, aportamos con ideas, ayudamos para que cada cual cumpla con su misión. No desprestigiamos, avergonzamos, acorralamos, no, eso es cultura de odio, no se hace con alma lojana. En Loja somos sabiduría y conocimiento “Con alma lojana”.
