Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Los dioses del Olimpo más que omnipotencia gozaban de súper capacidades como: diseñar y crear seres vivos, transformar su propio cuerpo, controlar el ambiente y la meteorología, la de leer la mente y comunicarse a distancia, la de viajar a grandes distancias y grandes velocidades y especialmente librarse de la muerte y ser eternos, los humanos están deseosos de adquirir estas capacidades a futuro, que actualmente siendo tradicionales y consideradas divinas, se han vuelto tan comunes.
Hoy en día más rápido y fácil que los dioses griegos, hindúes o africanos de la antigüedad, los científicos actualmente mediante fertilizantes artificiales e insecticidas industriales y plantas modificadas genéticamente, superan la producción con mayores expectativas que los dioses de la antigüedad, y en un futuro no muy lejano se crearan supe humanos que aventajen a los antiguos dioses en sus facultades corporales y mentales; el Homo Sapiens no será exterminado por una sublevación de los robots inteligentes; en busca de salud, felicidad y poder, los humanos cambiaran gradualmente, primero una de sus características y luego otra y otra, hasta que sea Homo Deus.
Solo cuando la última espada se haya transformado en pieza de la reja de un arado podemos dedicar nuestro pensamiento a un nuevo y gran proyecto a favor de la humanidad, por desgracia la historia no funciona así; quienes viven en palacios siempre sueñan en proyectos diferentes a quienes viven en chozas, y muy improbable que esto cambie en el siglo XXI; así como los que viven en los suburbios, no apuestan a la inmortalidad la dicha y la divinidad; buscar no es lo mismo que conseguir; la historia suele estar moldeada por esperanzas exageradas; nuestra futura economía, sociedad y política serán moldeadas por el intento de superar la muerte, finalmente y lo más importante, esta predicción no es una profecía y forma de analizar nuestras opciones actuales, no tiene ningún sentido hacer mediciones, se estas no van a cambiar nada.
La paradoja del conocimiento histórico es: el conocimiento que no cambia el comportamiento es inútil, pero el conocimiento que cambia el comportamiento pierde rápidamente su relevancia; la historia no sigue ninguna regla estable, y si no podemos predecir su rumbo futuro, parece que el objetivo principal de la ciencia, es predecir el futuro; la historia estudia el pasado, no con la finalidad de repetirlo, sino con la de liberarnos del mismo, la fría mano del pasado surge en la tumba de nuestros antepasados, nos agarra por el cuello y dirige nuestra mirada hacia un único futuro, es una parte natural e inevitable de lo que somos, a la gente le desconciertan los sueños de inmortalidad y divinidad, no porque sueñe tan extraño e improbable, sino porque es insólito ser tan categórico; el planeta nunca constituyo un ecosistema único, sino que era un conjunto de muchos ecosistemas conectados de manera laxa; la aparición de la agricultura produjo nuevas oleadas de extinciones masivas, pero lo que es más importante, también dio lugar a una forma de vida nueva en la tierra; la teoría de la evolución sostiene que todos los instintos, impulsos y emociones han evolucionado rápidamente el interés único de la supervivencia.
El algoritmo es un conjunto metódico de pasos que pueden emplearse para hacer cálculos, resolver problemas y alcanzar decisiones; el logaritmo no es un cálculo concreto sino el método que se sigue cuando se hace el cálculo.
