Diálogo y cultura de la formación lectora desde el autodidactismo

Galo Guerrero-Jiménez

Cuanto más nos quedamos preocupados por la falta de preparación política y ético-moral de nuestros funcionarios del sector público y por la falta de formación científico-humanístico-pedagógica de nuestros docentes, dos vectores esenciales para que un país pueda crecer cultural, educativa, democrática, productiva, científica y artísticamente, más sentimos la necesidad de educarnos cultural, ecológica y socialmente, al menos en aquellos ciudadanos que aún tienen consciencia de la necesidad de una preparación profunda en todos los campos del saber humano, para que florezcan ideas, liderazgo, creatividad y tantas líneas de trabajo, de investigación y de compromiso para vivir pragmática, intelectual, ética, estética, cognitiva y emocionalmente sanos desde el auge de la palabra enaltecida por la hondura humana.

De otra parte, si aún las instituciones políticas y educativas del Estado, fundamentalmente y, por ende, la misma familia y la sociedad en general, no han podido educarse para evitar lo que señala el escritor Javier Cercas en su reciente publicación de la novela biográfico-documentalista sobre el extinto papa Francisco, El loco de Dios en el fin del mundo: “‘La cultura del bienestar que nos lleva a pensar solo en nosotros mismos y nos hace insensibles al grito de los demás’, alertó contra la ‘globalización de la indiferencia’ y solicitó ‘la gracia de llorar por la crueldad del mundo, por nuestra propia crueldad y también por la crueldad de quienes, de manera anónima, toman decisiones que provocan dramas como este” (2025).

Este drama de vivir en esta penosa cultura de lo fácil, con protagonistas de malos políticos y docentes poco preparados en su formación profesional, al igual que otras profesiones; y, súmese a ello, la conducta barata, poco higiénica mentalmente de los que utilizan mal las tecnologías digitalizadas, las cuales “se incrustan en nuestra vida, la capturan, la controlan, y le confieren en gran medida su forma específica. Psicopolítica y pornocracia: modalidades divertidas del poder que hay que estudiar” (Laje, 2023); tal como lo indica la periodista ecuatoriana María Josefa coronel: “Mucho ruido. La televisión, teléfonos celulares que, así como se han convertido en una extensión de nuestras manos, a muchos los ha convertido en cautivos de un placer infecundo y falso, que promocionan figuras públicas quienes convocan a un culto a la personalidad y estilo de vida deslumbrante en el que se obligan a sepultar su propio yo” (2025-07-06).

Súmese a ello, en esta cultura de lo fácil, la actitud de nuestros jóvenes estudiantes que, aprovechando indebidamente la inteligencia artificial (IA) y, partiendo de las investigaciones realizadas por el académico Leitzinger del Instituto Tecnológico de Massachusetts, “teme que los alumnos ya no necesiten conocimientos básicos antes de utilizar la IA, saltándose la etapa esencial del aprendizaje. ‘Escribir es pensar; pensar es escribir. Si eliminamos este proceso, ¿qué queda del pensamiento?, se pregunta’” (La Revista, 2025-07-13) con enorme preocupación.

Pues, nos queda insistir en aquellos intelectuales, investigadores, humanistas, gestores culturales, académicos, docentes, etc. de ciudadanos que estén conscientes de esta destructora cultura de lo fácil, para que empecemos a proclamar una cultura del autodidactismo a través de la lectura que nos promueva a un nuevo “humanismo como los baluartes del pensamiento crítico: reflexión, sosiego, conversación y debate de ideas” (Berardinelli, 2026), para que pensemos en lo que señala Coronel: “Nos hace falta silencio, no quedarnos mudos, eso es otra cosa y es peligroso. Nos hace falta humildad, virtud en exterminio, para escucharnos, para mirarnos con atención y reconocer en qué lugar de nuestra historia el ego nos secuestró como país, y dimos la espalda a la opción de ser grandes triunfadores, libre y dignos, en un mundo que nos prestaron para cuidarlo y hermanarnos. Pero eso es cursilería caduca para varios, ¿verdad?”.