Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
A finales del siglo XIX varias potencias europeas reclaman territorios africanos, las partes afectadas se reunieron en Berlín en 1884 y repartieron África como si fuera un pastel, para convertirla en colonias europeas; el poder de los registros escritos alcanzo su apogeo con la aparición de las sagradas escrituras; generaciones de eruditos se acostumbraron a buscar todas las respuestas en las páginas de la Biblia, el Corán o los Vedas; en la practica el poder de las redes de cooperación humana dependen de un delicado equilibrio entre la verdad y la ficción; organizaciones humanas realmente poderosas, como el Egipto faraónico, la China comunista, los imperios europeos y el sistema escolar moderno, no son necesariamente perspicaces, gran parte de su poder estriba en su capacidad de imponer sus creencias ficticias a una realidad sumisa.
Con independencia de lo errónea que fuera la visión bíblica del mundo, proporciono una mejor base para la cooperación humana a gran escala; una religión tiene éxito si sigue al pie de la letra los mandamientos divinos, una nación es gloriosa si promueve el interés nacional, y una empresa prospera si gana muchísimo dinero; diferenciar las ficciones de la realidad y la religión de la ciencia será en consecuencia más difícil pero también más esencial que nunca, los relatos solo son herramientas; de la misma manera que la brecha entre la religión y la ciencia es menor de lo que pensamos, la brecha entre la religión y la espiritualidad es mucho mayor, la religión es un pacto, mientras que la espiritualidad es un viaje.
Les ocurrió incluso a Buda y a Jesús que en su búsqueda intransigente de la verdad subvirtieron las leyes, los rituales, y las estructuras del hinduismo y el judaísmo tradicionales, para examinar la relación entre religión y ciencia, se debe acudir a dos interpretaciones extremas: La una afirma que entre religión y ciencia existe enemistades abismales juradas y que la historia moderna fue moldeada por la lucha a vida y muerte del saber científico contra la superstición, y con el tiempo, la luz de la ciencia disipo la obscuridad de la religión, y el mundo se hizo cada vez más secular, racional y próspero; y la otra interpretación en el extremo opuesto y afirman que la religión, y la ciencia son reinos completamente separados, que la ciencia habla de hechos, y la religión habla de valores y los dos nunca se encontraron; la religión no tiene nada que decir a propósito de los hechos científicos, y la ciencia debe mantener la boca cerrada en lo que concierne a las convicciones religiosas.
Muchos de los debates religiosos más acalorados, y muchos de los conflictos entre ciencia y religión amplían afirmaciones fácticas y no tanto juicios éticos; cuando dejamos la esfera eterna de la filosofía y observamos realidades históricas, encontramos que los relatos religiosos casi siempre incluyen tres partes: juicios éticos, como “La vida humana es sagrada”; afirmaciones fácticas como, “La vida humana empieza en el momento de la concepción”, y una mezcla de juicios éticos y afirmaciones fácticas, cuyos resultados son directrices tales como “nunca debes permitir el aborto ni siquiera un solo día después de la concepción”; la ciencia no tiene autoridad ni capacidad para refutar o corroborar los juicios éticos que emiten las religiones.
Aunque la ciencia tiene mucho que aportar a los debates éticos de lo que se cree, hay una línea que no puede cruzar; sin la mano orientadora de alguna religión, es imposible mantener ordenes sociales a gran escala; la religión proporciona la justificación ética de la investigación científica y a cambio obtiene la influencia en la agenda científica y en uso de los descubrimientos científicos.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. #: 1100310455
