Por: Sandra Beatriz Ludeña
Tal como si fuere un “seco de gallo” se traza la trampa para la lojanidad, entre el regular concejo e irregular consenso, ni cómo puedan arrojar la mano y esconder la piedra. Lo digo análogamente a las manipulaciones del “seco de gallo”, con trasfondo. Hablo desde el conocimiento, pues al probarlo por vez primera, mi ingenuidad vencía a la inteligencia, queriendo devorar al gallo, mas, el desenlace fue distinto. Narro esta anécdota y explico la metáfora, para reflexionar sobre cultura lojana.
El platillo sugiere un seco, que en cocina ecuatoriana es de carne animal condimentada con toques ácidos en cocción, donde la carne pierde consistencia en el guiso. Mas, como su nombre manda, se infiere que no es cualquier carne, es específica y metafórica. Quizá, ignorar de cocina tradicional lojana, o cultura ancestral (lejana a la voracidad); ni intuir el gusto legal y vegetariano, lejos de lo sanguinario; podría dar la idea, que el seco es de carne de gallo.
Confusión justificable, pues, se ubica en cultura gastronómica, pero lojana, es decir, temas de etnicismo y antropología social, poco conocidos. Ah, pero la confusión se da más por lo metaforizado del platillo; por eso, hay que comprender las metáforas vivas, e ir al “principio constitutivo” que rige.
Así, la reflexión no solo es de cocina y cultura lojana, sino en conexión de temas y conexidad de causas (también), pues, fácil nos dan guisos a un cuarto, o máximo a término medio en cocción, para acostumbrarnos a la carne y fluidos sangrientos, ignorando el “principio constitutivo del seco de gallo”, o degollar al “gallo en seco” y hacernos violentos. En fin, confusiones de la costumbre e identidad lojana, con esquizoides malformaciones, contrarias al discurso de pacificadores, que disentimos de peleas y gallos.
Pues bien, ni la costumbre, ni otras herencias culturales legitiman tal deformación, pues un “seco de gallo” es lo que es, en apego a las reglas. Mas, sucede que la manipulación no tiene nombre, la ignominia escandaliza, porque a más del sentido culinario ancestral, se violenta la esencia, para convertirlo en alimento de depredadores. Tal es la confusión que, entre cocineros, ideadores y mala-baristas eligen gallos lojanos de buen corral, para hacerlos seco. Van por perfil: sin corral fino, ni apellido pomposo, novatos en pelea. Gallo manso es elegible para someterlo, vejarlo, deshonrarlo y en indefensión, burlado sea.
Una vez dada la forma, viene el fondo, así, el “seco de gallo” se presenta como lo que no es; por esto, la ley sin ajustarse a lo social, se ajusta a la intención de deformación. El “seco de gallo” será propiedad pública, y su receta, opinión oficial, con carne en lugar de alimento de gallo, sellado con sentencia contenciosa y agorera. Con estas adecuaciones, a experimento legal llega. Si lo aceptamos, perpetramos la “Ley del seco de gallo” por siempre.
Con todo lo explicable e incluido lo inenarrable (sufrimiento, injusticia, indefensión del gallo y daños a terceros), resalto al “Concejo de lojanidad con vista gorda y mano perversa”, misionados a hacer ley y ejecutar, aunque, sean juez y parte, pues, no ven principios, solo el fin devorador. Por esto, aclaro que la simple receta del “seco de gallo” para nutrir sanamente al otro, es sofreír cebolla hasta que, transparente sea; adicionar tomate de riñón para lograr ácido; mientras se diluye, proporcionalmente: por cada medida de harina de maíz tostado (para sango), tres medidas de agua fría; se mezcla con las refrituras y va a cocción (ponderando minutos, en relación al total preparado), con sal al gusto; seguido, el queso del debido proceso, y al final, picaditas de cilantro, exquisito el “seco de gallo metaforizado” sin colmillos que asechan para matar. Del gustoso y victorioso maíz, comparable al seco de gallina. La costumbre es servir a la par, un jarro de café lojano, como reparación integral a la sufrida afrenta.
Nada de masacres, ni sacrificios de inocentes, nada de violación de principios constitucionales, menos, saltarse las reglas en clara prevaricación, nada de desdecir el profesionalismo al cocinar; un “seco de gallo será siempre seco de gallo”, desde lo simbólico a lo estructural, con esta simple y legal receta, aunque, quienes idean el plan, instiguen a devorarnos, la cultura lojana es de justa benevolencia.
