Luis Pineda
El empoderamiento es un proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven. La filosofía del empoderamiento tiene su origen en el enfoque de la educación popular desarrollada a partir del trabajo en los años 60 de Paulo Freire, estando ambas muy ligadas a los denominados enfoques participativos, presentes en el campo del desarrollo desde los años 70.
Aunque el empoderamiento es aplicable a todos los grupos vulnerables o marginados, su nacimiento y su mayor desarrollo teórico se ha dado en relación a las mujeres. Su aplicación a éstas fue propuesta por primera vez a mediados de los 80 por DAWN (1985), una red de grupos de mujeres e investigadoras del Sur y del Norte, para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos. Desde entonces, el término “empoderamiento” ha ampliado su campo de aplicación. Por un lado, de su inicial utilización exclusivamente en los análisis de género, ha pasado a aplicarse al conjunto de colectivos vulnerables, habiendo adquirido una amplia utilización en los estudios sobre el desarrollo, el trabajo comunitario y social, o la cooperación para el desarrollo.
Para aplicar esta propuesta, les presentamos algunas ideas de Pedro Pierre en su artículo “Empoderarnos de lo nuestro”:
“Empoderarse es una fuerza que habita en cada uno de nosotros. Es la capacidad que tenemos todos de pensar, elegir y decidir por nosotros mismos. Todos tenemos talentos y capacidades, lo suficiente para crecer, progresar y tener éxito. Por eso lo primero que tenemos que hacer es despertar, desarrollar y poner en marcha estas capacidades y talentos nuestros junto con los demás. Eso significa valorarnos individualmente, empoderarnos de lo que poseemos dentro de nosotros. Hay que convencernos, cada uno, que sí podemos ser felices y valientes en medio de los conflictos, las limitaciones y los fracasos: Eso es empoderarnos del timón de nuestra vida y ser útiles a los demás y con los demás, porque nuestra fortaleza interior nadie nos la puede quitar.
Si sabemos que cada uno tenemos ese poder interior, debemos admitir que los demás también lo tienen y no sólo algunos, sino todos. Entonces la unión es nuestra fuerza, la comunidad es el camino para orientar este poder colectivo al servicio de todos, siendo complementarios los unos con los otros. Se trata entonces de perder el miedo porque somos pobres, porque somos campesinos, porque nos han marginado y despreciado. Ahora debemos diferenciar la dignidad de cada persona y la maldad de sus actos. Todos nos merecemos respeto y todos nos debemos respetar los unos a los otros. La maldad es cuando dejamos de respetarnos, cuando dominamos, acaparamos, engañamos.
¡Qué linda palabra es ‘empoderarnos’! A ver si logramos andar este camino en una sociedad donde la maldad ha sido organizada como un sistema de destrucción y de muerte. No es fácil, pero siempre es posible… Grandes mujeres y valientes varones nos han dado el ejemplo. Ahora nos toca a nosotros. Juntos, sí lo podemos lograr mucho. Sólo se trata de comenzar, de dar un primer paso, para que otros pasos se den y que otros empiecen también a caminar… ¡Felizmente algunos ya están caminando!”
